lunes, 3 de diciembre de 2012

Mea culpa, mea culpa, mea máxima culpa


          Tomás Gómez, Secretario de la siempre fragmentada Federación Socialista Madrileña, les ha comido presuntamente el coco a seis o siete cachorros de los suyos y ha montado un vídeo cutre en el que la chavalería socialista pide perdón, entonando el mea culpa, a la españolada que aguanta todo lo que le echen y quiten.

            En el fondo lo de pedir perdón no está mal siempre que se dé la cara, pero no es el caso, porque los que debían de haberlo hecho siguen tan frescos.

            Para no estar continuamente mirando atrás como hacían Franco y el PSOE, el primero con aquello de los XX, XXV y XXX años de “paz” o el PSOE festejando aquella histórica de victoria de Felipe en los años 82 del pasado siglo, para no estar mirando atrás, decía, fijemos nuestro punto de mira en la hazaña del PP con los jubilados, ejército al que pertenezco, que no ha tenido en cuenta la pérdida del poder adquisitivo, y nos ha subido tan sólo el 1% de nuestra carcomida miseria; y como decía el del chiste: que nos dejen como estamos.

            Con las mismísima rapidez que Henry Fonda sacaba sus pistolas de oro, el PSOE ha desenfundado el arma de la demagogia y, tras atacar al PP, amenaza con la leche del Constitucional, ya saben la rapidez con la que trabaja este grupo tan mal avenido.

            Olvida el PSOE, pero no los jubilados que aún tenemos cinco neuronas en plena actividad, que fueron ellos, según dicen las letanías de los chavales socialistas que solicitan perdón, los que nos metieron en el congelador en aquel fatídico mayo de 2010, justamente en el día Zapatero, calzonas abajo, se puso a las órdenes de Ángela, Obama y el Demonio, o sea, el dinero.

            El pecado no existe, pero sí el error; y una y otra vez, hasta en la mismísima oposición siguen erre que erre haciendo verdad que el hombre es el único animal que tropieza mi veces en la misma piedra.

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