miércoles, 12 de diciembre de 2012

La extra, los vascos y el resto



            Una de las medidas más impopulares del gobierno de Rajoy ha sido la de eliminar la “extra” de Navidad a todos los funcionarios, aunque digamos de paso que ha sido asumida por estos con gran docilidad.

            El ex lehendakari Paxti López, hoy todavía en funciones, observó que la caja fuerte del tesoro vasco contenía parné suficiente para abonar dicha “extra” a su funcionariado y aprobó, unilateralmente, que los 70.000 funcionarios de su territorio pudieran seguir comprando un buen jamón para estas fiestas que ya, dicho de paso, las tenemos a la vuelta de la esquina.

            Pensándolo tres o cuatro veces, el gobierno central presentó recurso de inconstitucionalidad ante el presunto desvarío que suponía ese introducirse en competencias que son estatales; pero López ya había cursado orden a la banca de que abonase en las cuentas corrientes de los privilegiados funcionarios el aguinaldo de siempre.

            El TC admitió el recurso, y coincidiendo en el tiempo con la abultada generosidad de Patxi, dictó sentencia previa para anular, temporalmente, la medida adoptada por el gobierno vasco, pero ya la banca había transferido a unos dos mil funcionarios la “extra” navideña, por lo que ha tenido que recular, me refiero a la banca, y se ha hecho de nuevo con los euros en cuestión.

            Hasta aquí el jaleo surrealista al que no hemos prestado la atención debida; y digo hasta aquí porque el TC tiene de plazo cinco meses para ratificar o no su propia decisión, al tiempo que el gobierno vasco amenaza con recurrir ante tan alta institución.

            Dejando a un lado el tema de competencias, queda claro que de haberse llevado a cabo el abono de la “extra” por aquellos pagos de Sabino Arana se hubiese dado un hachazo a la supuesta igualdad que debe existir entre todos los españoles, pero resulta que la mencionada igualdad es una bella utopía que se hizo añicos en la tan manoseada Constitución que “ampara y respeta los derechos históricos de los territorios forales”, o sea, la pasta: la leche, vamos.

            “Yo pecador…”



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