miércoles, 19 de diciembre de 2012

Donde el viento silba nácar



Donde el viento silba nácar
y silente el mar fenece
con divinidad cabalgan
música de verdes juncos
con espuma que descansa.
Lazos de olas, en sus besos
sacramento de las aguas,
y notas de amor y de aire
en la orilla donde cantan
las crujientes caracolas
vida dan al pentagrama,
y la duna conmovida
hasta su arena desplaza.

Un nuevo canto se esparce
por toda la arena blanca,
susurros como de Dios
que provienen de la playa:
eres libre como el silbo:
eres siempre madrugada.

(De José García Pérez)


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