jueves, 13 de diciembre de 2012

Algo se muere en el alma




            Ha tardado demasiado en morir mi amigo José Sánchez Blanco, demasiado.

          Un maldito trombo, hace años, cuando ejercía de Director Escolar desahuciado en el lúgubre “Edificio negro” por decisión del más injusto Decreto Real dado en tiempos de Felipe González, dejó tocado de por vida, la mente más privilegiada que he conocido en esta ciudad, Málaga, que todo lo acoge y todo lo silencia.

            A Pepe, para bueno o para malo, le debo lo que soy, más todavía: le debemos mi esposa y yo.

            Nuestras vidas se cruzaron cuando, en Granada, opositábamos al Cuerpo de Directores Escolares: extinguido, finiquitado y maltratado a los pocos días de la llegada del amigo de Alfonso al poder. Lógicamente, Sánchez Blanco obtuvo el número uno en aquellas pruebas que se realizaban bajo los parámetros de publicidad, mérito y capacidad.

            Él fue llamado por Francisco de la Torre Prados para formar parte de la candidatura de UCD en las Elecciones Generales de 1977, que desembocaron en Constituyentes; por las causas que fuesen, las ignoro, declinó la invitación, pero al actual Alcalde de Málaga le dio mi nombre y apellidos.

            Nunca me comentó Pepe ese detalle, y jamás De la Torre desveló el secreto, pero fue por esa carambola por la que mi vida, ya decía, para bien o para mal, cambió radicalmente.

            Fue un cristiano comprometido, un católico macizo y roqueño, muy sensible al Andalucismo moderado y un gran humanista.

            En las Generales de 1979 se presentó al Senado por UCD, y por un puñado de votos no consiguió Acta de Senador.

            Hay vidas que se cruzan en un momento dado, las nuestras se cruzaron en los tiempos de la transición de la Dictadura a la Democracia; después, no es que se alejaran, pero sí se diluyó algo nuestro contacto; lo quería a rabiar, aunque en silencio.

            La tristeza me embarga esta tardenoche de diciembre, pero la vida transcurre, y yo con ella.

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