martes, 13 de noviembre de 2012

Silencio: huelga general


          No está uno para huelgas generales, ya saben: jubilado y achacoso; pero como La Bastilla, o sea, El Corte Inglés, lo tengo a un tiro de piedra de casa, puede ser que me acerque, de lejos por aquello de las pelotas, para ver si en esta ocasión es tomada por los huelguistas.

            Si se piensa algo, no está el patio para que se crucen de brazos los pocos que trabajan; pero si se piensa cantidad, hay tanta gente jodida que es lógico que la mala uva la lancen por plazas y barrios del entorno nacional.

            En realidad, y no porque sea un derecho constitucional, no veo mal que el personal de rienda suelta a su cabreo que viene de años atrás; no ya porque lo digan Cándido y Toxo, sino porque la maldita realidad es difícil de soportar sin creer en la ilusión.

            Unos por convicción y otros por hambre pudiera ocurrir que la huelga sea exitosa, también puede ocurrir al revés, quiero decir que estando la ruina a flor de piel y la extra en paradero desconocido, algún funcionario puede cuestionarse perder otros sesenta o setenta euros para nada, pues la mayoría absoluta que sostiene a Rajoy es indestructible.

            Los militantes del PP no harán huelga, pero sí buena parte de sus votantes; los del PSOE si la harán, pero no todos sus electores; Izquierda Unida no tiene problemas: todos a una.

            Lo único que no veo claro es la clase dirigente socialista acuda a la llamada porque, en parte, son también culpables del estado catatónico que nos envuelve.

            En fin, que todo transcurra en los límites del respeto mutuo, que no es mucho pedir, creo.


2 comentarios:

  1. Respeto entre los que van y no van. Respeto en concreto, debe ser otra cosa que desconozco. Abrazos.

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