jueves, 15 de noviembre de 2012

Entre la huelga general y los violentos: el pueblo


          Pues claro que existen motivos para protestar ahora y antes, con el PP gobernando y el PSOE cuando gobernaba. ¿Lo duda alguien?

            Millones de parados, cerca de dos millones de hogares donde todos sus miembros están mirándose unos a otros, los comedores sociales a tope, la tijera como método de hacer política, los jubilados perdiendo poder adquisitivo, los abuelos sosteniendo a hijos y nietos, la extra que vuela de muchos hogares y, con ella, una miaja de champán, los bancos que sobrevuelan como aves de rapiña por doquier, los políticos cobijados con un sueldo que ellos mismos legislan, cientos de miles de casas vacías, la guillotina del desahucio siempre amenazando, etc., pues claro que hay razones para que el pueblo se manifieste.

            Por ello, hay que saber distinguir entre la huelga general, los violentos y el pueblo que, ayer, dejó de ser masa amorfa, silente y sumisa.

            A la huelga convocada por sindicatos se han unido los que en ejercicio de su libertad personal (entendiendo por libertad el derecho a optar) así lo han decidido; mi aplauso personal a lo que de verdad trabajando en empresas e industrias, han dado un paso hacia adelante para velar y luchar por sus intereses como trabajadores; lamento el que otros que hubiesen deseado asistir a su trabajo diario, no lo hayan podido hacer por coacción de los que sean.

            Vomito de todos aquellos que, al filo de la madrugada del 15-N se dedicaron a sembrar el terror por las principales ciudades de España: los violentos.

            Y mi aplauso, amor y admiración a los que, hicieran huelga o no, se manifestaron masivamente, tras años de sumisión, por calles y plazas haciendo ver a los gobernantes su disconforme actitud ante tanta legislación en contra de los más débiles.

            Ese, ese es el pueblo. Espero que Rajoy, al que no creo idiota, haya tomado debida nota.




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