miércoles, 21 de noviembre de 2012

El ser o no ser de José Blanco


               Existen momentos en la vida de una persona en que ésta se plantea su futuro inmediato. El que estas líneas no vivió tal interrogante cuando dejó la política  o la política lo dejó a él, sino que rápidamente se integró a  plaza de profesor en el Colegio Público “Bergamín” y renovó su cotidianidad de dividir por treinta la migaja mensual, las habichuelas, de su ejercicio funcionarial; por cierto que un día de estos, me lo recuerdan si me olvido de ello, haré un análisis de si fui yo el que dejó la política o viceversa. Creo que valdrá la pena.

            Pues bien José Blanco, el que fuese el hombre fuerte del optimista Zapatero, secretario de Organización del PSOE y ministro de Fomento se está pensando si volver a la política activa o dar un salto para situarse en la empresa privada.

            Esto sí que es una noticia en sí misma, pues que un hombre, o una mujer, cuestione su futuro debe preocuparnos al máximo; en este caso concreto, por él y por la misma nación.

            Se puede llegar casi analfabeto a la política, y ésta se encarga de espabilar al sujeto y hacerle aprender en una pizca de años más contenidos que los que poseía la antigua Enciclopedia Álvarez 3º que una inmensa chavalería estudió por los años sesenta del pasado siglo. Creo que Blanco no fu un dechado de virtudes en su tiempo de estudiante, durante el que no llegó a finalizar estudios universitarios, pero a la sombra de Zapatero fue escalando puestos hasta alcanzar como Jacob la visión inmediata del dios poder. Por encima de él, José Luis y por debajo, un rodar de cabezas de mucho cuidado.

            En la empresa privada, que se sepa, aparcó el coche oficial de ministro a la vera de una gasolinera y verse con un empresario no sé sabe con qué intenciones, pues la cosa está todavía sub judice.

            Se supone que con su acta de Diputado Nacional y sin pintar nada en el organigrama de Rubalcaba, el bueno de Pepiño está triste como Cristiano, pero creo: por España, por Galicia y hasta por él mismo que debe permanecer en esa poltrona que muchos desean.


   

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