miércoles, 31 de octubre de 2012

Santos, Difuntos y Halloween



            Ea, otro puente; ni crisis ni leches, otro más; y de aquí a nada el de la Constitución, la que desea puentear Artur Más. No hay quien dé más por menos. Los que no trabajan porque no lo hacen y los que trabajan, porque lo celebran. Así nos va.

            Este que comienza hoy tiene hondas raíces religiosas, festivas y sentimentales, o sea, es un batiburrillo en el que convergen misas, flores, dulces, calabazas, disfraces y suspiros de nostalgias. Se pretende honrar a vivos y muertos, pero esencialmente, en lo religioso, a los últimos. Lo de Halloween es otra cosa, a saber: noche de brujas, disfraces, miedos, risas, copas y regalos. Hay, pues, donde elegir; nadie debe escandalizarse de la elección que haga cada persona.

            Lo saben porque se ha descrito de miles maneras: “no es lo mismo que se mueran miles de seres humanos a que se te muera un ser amado”; y ahí radica la opción de esta noche y de mañana.

            Se mira hacia atrás más de la cuenta y siempre se está unido con distintos cordones umbilicales, y sin embargo, para ser, hay que cortar el verdadero cordón: el que une a la madre con la nueva criatura; pero muchos de nosotros y nosotras seguimos emperrados en dar culto a la muerte, al fin, a la nada. Y es que nos duele que aquel ser amado desaparezca para siempre. No lo soportamos y nos enganchamos a la nostalgia, al recuerdo, al beso que nunca volverá.

            Y el próximo dos de noviembre, llegará el día de difuntos, día de almas, de brisas apagadas que deseamos resucitar, de caricias que no llegan, de tiempos que no volverán. Siempre tendremos a mano una misa, una calabaza, una buena botella para olvidar lo inolvidable, una triste mariposa que se consume en la noche en busca del alma querida, una risa de nietos, un llorar de viudos y viudas, de huérfanos de suicidas que hipotecaron su casa y, no olvidar, una fuente de esperanza.

            La muerte detiene una vida por un momento, pero LA VIDA continúa y nos tenemos que aferrar a ella; no debemos dar por perdido el tiempo que nos queda de ella: ¡vivamos!
             

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