lunes, 29 de octubre de 2012

La tapadera de Artur Mas




          La gestión de Artur Mas a la crisis económica, en parte herencia del tripartito de Montilla, olía mal, muy mal; tan mal como la de Rajoy al legado de Zapatero.

            Que si recortes a las empresas públicas y empleados de las mismas, que si deudas en los distintos ramajes de Sanidad, que si tijeretazos a la pagas extraordinarias, que no al cierre de algunas embajadas, que si duplicidades al cuadrado en tareas administrativas, etc. El olor se convirtió en tufo malsano y éste, en hedor horrible que incitaba a un giro brusco en la marcha normal hacia una catástrofe electoral.

            De manera que, pensándolo muy bien, dio un golpe de timón al navío que iba camino del naufragio y adelantó elecciones, con tan sólo dos años y una viruta de tiempo de legislatura, al grito de independencia para Catalunya y que decidan sus súbditos, los ciudadanos.

            Tomó la tapadera del sentimiento, y los fétidos olores de su gestión económica desaparecieron por obra y gracia del salvador. Y ya nadie habló de los desahucios, de los abusos de la banca, de la penuria económica, de las filas en las oficinas del Inem, de la tiranía de los mercados o de Ángela Merkel; a partir de ese momento, el ombligo de muchos se convirtió en el centro del universo y miraron solamente al cordón umbilical, al terruño.

            Artur comenzó la hazaña llamando a los Mozos de Escuadra a la defensa de Cataluña ante una posible invasión de los ejércitos españoles de tierra, mar y aire; a Europa a estar vigilante de los vuelos de aviones de Castilla y Aragón por el espacio; reunió a todos los cónsules de las distintas embajadas para explicarles el proyecto de segregación de la invasora España; prometió que bajaría los impuestos y subiría los sueldos de los jubilados; llamó a capítulo al Barça y Espanyol para acometer la heroicidad de crear una selección catalana de fútbol; y fue atornillando la tapadera sentimental para evitar cualquier fuguilla pestilente. Y lo consiguió.

            Ahora toca esperar.


2 comentarios:

  1. Cuando algo huele mal, no hay tapadera que lo aguante, aunque haya que esperar todo sale a la luz y cada cosa se pone en su sitio... aunque haya que esperar, amigo José, solo esperemos que lo que destape la olla no sea la fuerte presión estallando todo...Un abrazo

    ResponderEliminar