miércoles, 3 de octubre de 2012

Francisco Basallote, amigo




           “Tan ligera la nave/ cuando es cierta la luz/ y el viento es un suspiro/ que se clava en las olas/ y las viste de espuma,/ cuando es recta la aguja/ del destino y en tus ojos/ sólo la ilusión brilla.// Tan ligera la nave/ si el tiempo quisiera” es un poema del poemario “Aguja de marear” (Premio de Poesía “Juan Alcaide) del poeta Francisco Basallote.

            No pretende este artículo ser una crítica literaria a la obra del autor citado, ni mucho menos. La avalancha de premios literarios que le acompañan sería motivo suficiente para optar al silencio del mejor hacedor de haikus de la actual poesía contemporánea española; el haikus, ya saben, ese pequeña estrofa de tres versos en que el creador “retrata”, valga la expresión, una fugacidad sin que el sentimiento o la pasión nuble la belleza de la instantaneidad.

            Valga tan sólo una apostilla a su arte creativo que jamás le comenté. Asistía con él y Felix Grande a un recital “… de poesía con Unicaja” en San Fernando, cuando, una vez finalizado el mismo, Félix, como en un susurro de tonalidad grave, me comentó: “Pepe, estamos ante un gran poeta”, y calló.

            No sé cómo Basallote y yo comenzamos nuestra relación; quiero creer que recibí un llamado correo electrónico en el que se ofrecía para colaborar en www.papel-literario.com ; debió ser de esa manera o algo muy parecido. Desde entonces sus reseñas literarias se encuentran “colgadas” en ese medio que algunos han pretendido silenciar.

            Pero tampoco estas líneas desean conformar un “copo” halagador de este gaditano de Vejer de la Frontera en su faceta de crítico literario, pero sí afirmar que sin su contribución desinteresada en Papel Literario, éste instrumento de la cultura no sería lo que es.

            Paco se encuentra hoy entre este balbuceo de palabras escritas por ser el hombre que se preocupa cuando la web del suplemento digamos que se estanca, pero no por la web en sí, sino porque quien la coordina, un servidor, pueda encontrarse estancado, o sea, algo enfermo; entonces, Basallote toma el teléfono, llama, habla, alienta, se preocupa, empuja y, sin querer, va dando luz al amigo; y ya lo somos; y pregono el milagro; y en vez de felicitarlo mañana, me felicito por tenerlo como amigo.

“… Tan ligera la nave/ si el tiempo quisiera”, con Paco Basallote es posible.

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