martes, 16 de octubre de 2012

Celia Villalobos fue la primera




              En el año 1995 Celia Villalobos presentó su candidatura para ser elegida Alcaldesa de “esta ciudad, Málaga, que todo lo acoge y todo lo silencia”. Sobre treinta y uno concejales, ella obtuvo quince, quedándose a un paso, a un concejal, de obtener la mayoría absoluta.

            Los dieciséis ediles restantes fueron distribuidos por la ciudadanía malacitana de la siguiente manera, nueve concejales para IU y para el PSOE, los siete restantes. Por la causa que fuese no hubo pacto entre los partidos de izquierda, y Celia realizó y remachó su mandato con mayoría simple. En la siguiente legislatura obtuvo mayoría absoluta y, desde entonces, el PP gobierna Málaga; en la actualidad con Francisco de la Torre Prados.

            Fue Celia la que cambió el signo político de esta muchedumbre que se agolpa entre las playas de la Misericordia y El Palo. Me caía bien, porque aunque algunos la tachen de populista y populachera, ella introdujo una nueva forma de hacer campaña con el pueblo sencillo y llano. Supo, como nadie, dejarse sobar, tocar y magrear por el ciudadano de a pie, y se hizo una con ellos y ellas, especialmente ellas. De tal forma fue la unión, que los barriadas “rojas” de Málaga: la Palma, Palmilla, Carretera de Cádiz, los paleños, Miraflores de los Ángeles, etc., dieron su confianza a ella ante el estupor de PSOE e IU.

            En mis “copos” impresos, la llamaba “La dama roja del PP” tanto por su pasado progresista como por las multas que su propio grupo parlamentario le endosaba por no respetar, en determinado momentos, la maldita disciplina de partido.

            En el libro que llevo entre manos, recojo algunas de nuestras conversaciones y otras, las más interesantes, se irán conmigo a los infiernos de la eternidad, que ojalá no exista por aquello del aburrimiento por los siglos de los siglos.

            La actual Vicepresidenta 1ª del Congreso fue la primera en estampar su firma para que fuese nombrado hijo adoptivo de Málaga, detalle que le agradezco hoy, cuando el silencio, maldito silencio, y el polvo, maldito polvo, aplastan el expediente en dependencias del Ayuntamiento.

            Sé que los “honores” son pan para hoy y hambre para mañana, pero así me parió mi madre, y sin prisas iré colocando en lo alto del copo los nombres de aquellos y aquellas que apostaron por mí.




1 comentario:

  1. Hay polvos bastante indeseables...
    Ojalá desaparezca el que cubre tus méritos.

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