miércoles, 10 de octubre de 2012

¿Acaso nos libera...?




¿Acaso nos libera derramada
la muerte en su agonía? Yo prefiero
el dolor que retuerce carnicero
mi existir, a la jábega dorada

navegando hacia el rumbo de la nada,
y deseo el dolor de compañero
que el aliento de un Dios que placentero
acrisole mi vida mutilada.

Si los labios dejaran de besar
y la nada mis manos abrazaran
y mis ojos no vieran primavera:

qué sentido tendría ese gozar
si mis labios y manos no abarcaran
el cuerpo de mi amada compañera.

(De J. García Pérez “Donde el viento silba nácar”)

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