martes, 11 de septiembre de 2012

Se equivocó, señor Rajoy



           Existe un “proverbio monástico” que dice así: “Hay ocasiones en que no debe decirse nada, y otras en que hay que decir algo; pero ninguna en que haya de decirse todo”; proverbio éste que bien pudo ser la base en la que se apoyó el presidente Rajoy a la hora de contestar a la docena y media de preguntas que ayer, en el programa televisado, le hicieron cinco santos y santas periodistas.

            De las tres posibilidades que otorga el proverbio, a saber: “no decir nada”, “decir algo” y muy remotamente el “decirlo todo”, don Mariano eligió el “decir algo” y repetirlo cada vez que se le proponía cualquier pregunta.

            Y así, como el que dobla palmas por sevillanas o sopla la gaita, el latiguillo de “los intereses generales de España” acompañó toda su intervención, con breves alusiones al déficit y escamoteo general a pringarse en cuestiones “mal vistas” que, saldrán a la luz pública, una vez que gallegos y vascos se pronuncien el próximo 21 de octubre ante las urnas, especialmente las parroquias galleguiñas.

            En realidad, ignoro,  aunque lo barrunto, cuales son los intereses generales de España (dicho así, es de una abstracción enorme), pero si sé los intereses de los españoles que conforma la nación; y más concretamente, el de aquellos que no tienen trabajo ni posibilidad de conseguirlo.

            Creo que un mismo saco no debe ser el recipiente donde introducir esos intereses generales, porque bien poco tiene que ver el director de un banco con un modesto funcionario, la clase política con la clase trabajadora, los grandes almacenes con los pequeños y medianos comercios, el paro juvenil con ese parado de cincuenta años que se ve abocado a mirar eternamente el sol de los lunes, los que cobran anualmente un millón de euros con aquellos ciudadanos que están lampando por encontrar un curro de mil euros mensuales.

            No se debe, aunque se haya realizado, gravar a toda la ciudadanía con el mismo IVA; hay que ser “injusto” para llegar a ser justo, aunque parezca una paradoja. No vale la misma cinta métrica para medir a todos los españoles; no son los intereses generales de España, sino el de Juan, Ana o Frasco, cada uno y cada una con su problemática particular.

            Se equivocó usted, se equivocaron los benditos periodistas y, lo peor, se quedaron igual los que perdieron -perdimos- un tiempo precioso viéndolo a usted en el plató.

2 comentarios:

  1. Verdad,yo también perdí un tiempo precioso,sirvió¿Sabes para que?para que mi mujer se limara y pintara las uñas,mira que le propuse también que me las limara a mi,pero......al final me toco poner la cena para todos....y recogerla.

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  2. Vaya por Dios, tal vez lo mejor hubiese sido verla al completo, pero no escucharlas.
    Abrazos
    Pepe

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