viernes, 7 de septiembre de 2012

Lo mejor, olvidar lo de Olvido


     Es lógico que la edil socialista de ese pueblo de Toledo se encuentre destrozada. Los que hemos sido Maestros en pueblos de ese número de habitantes, y ella es Profesora de Infantil, sabemos, o sabíamos, a los que nos arriesgábamos si nos cogían infraganti en cualquier acto sexual que perturbara a la España en blanco y negro de la época franquista y del riguroso nacional catolicismo. Por eso nos andábamos con pies de plomo, candado más cerrojo al canto, y aquí paz y allí, en la intimidad encarcelada, placer silencioso y a oscuras.


     No he leído nada en contra de las masturbación grabada que ha realizado la concejala; y no será un servidor, y menos a mi edad, el que lo haga, y es que uno no tiene edad suficiente para aguantar lo que soltaría la jauría humana si tomase partido por criticarla y, además, cada uno y una somos libres para hacer de nuestro cuerpo un campo de experimentación erótica; aunque, dicho sea de paso, sería imposible por mi parte consciente, aunque los sueños, ay los sueños, me lleven a situaciones que apabullarían al más pintado o pintada de los que se mueven a mi alrededor.

      Pero no es lógico que un escritor del día a día permanezca impasible ante un hecho que, por morbo o por lo que sea, ha suscitado más tinta negra, entrevistas de las carroñas periodísticas y apoyos de todas las leches e ideologías, que la visita de la Mérkel a España.

     Y es que digamos lo que digamos, a la gran mayoría de las personas les encanta la traca de la escandalera, mientras una imbécil minoría rezará por la salvación del alma incendiaria de la edil, y unos pocos y pocas buscarán como loc@s el vídeo en cuestión para empajillarse ell@s a cuenta de la señora Hormigos.

     Como Maestro Escuela que fui, ejercí y pequé, solamente insinuarle a ella que ha quedado estigmatizada de por vida en Los Yémenes (Toledo) y que, por la experiencia de vida que tengo, me atrevo a aconsejarla que, dimita o no, a la primera de cambio solicite plaza de profesora, en un próximo concurso de traslados, sacuda el polvo de sus zapatillas y se las pire a otro lugar para ser feliz, o sea, normal, con sus dos hijos y su marido.

     Perdón, porque no soy nadie para aconsejar.

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