viernes, 14 de septiembre de 2012

La sombra alargada de la Diada



              Creo que todos, a nivel personal y familiar, luchamos por ser independientes; más aún, nos agrada que nuestros hijos se emancipen y tengan su propia vida, separada de la nuestra.

            Como auténtica nacionalidad histórica comprendo que buena parte de la población que vive en Cataluña desee emprender su aventura como Nación y Estado propio; nada, pues en un principio, que objetar a ese sentimiento nacional. Y también entiendo que otra buena parte de los ciudadanos que habita en tierras de Cava, desee seguir perteneciendo a la Nación española sin que ello les deshabilite para ejercer de catalanes.

            En los albores de la actual democracia, cuando los constitucionalistas se reunieron para crear nuestra Constitución de 1978, el primer pensamiento fue el de dotar a Cataluña y el País Vasco, como nacionalidades históricas, de un sistema jurídico fuerte y muy diferenciado del resto de las regiones españolas; pero he aquí que surgió el famoso “café para todos” y ya nada fue igual. Todas las regiones, a través del artículo 143 de la Constitución, excepto Andalucía que lo hizo de acuerdo con el artículo 151, se introdujeron en el maremágnum de crear el Estado Autonómico, Estado en el que vivimos, si esto es vivir; lo digo por estar pendiente, en la actualidad, de una prima lejana de Alemania.

            Y mira por donde, lo que el principio de este “copo” se veía como normal, o sea, alcanzar o no la independencia un territorio español, ahora se ve como imposible por aquello de la globalización, para entendernos, de los primos lejanos que nos han salido (Alemania, Francia, Italia, Portugal, etc), y que forman parte de nuestra familia materna, la madre patria.

            No se trata, pues, de que Cataluña sea por sí misma, o Andalucía, o La Rioja, sino que España lo sea por ella, algo que parece imposible pues pertenecemos al club de los mercaderes del euro.

            Un servidor no es nadie para aconsejar, pero llevándome de mi buena fe, que la tengo, le pediría a honorable Artur Mas que no joda más la marrana, que tenga una cierta paciencia, que espere a que todos los que vivimos en este territorio de la piel de toro -existan corridas o no- seamos capaces de ser por nosotros mismos y, después, que sea lo que pueblo quiera; pero el pueblo enterito, me refiero al español, que es también el que se tiene que definir sobre la independencia o no de Cataluña

2 comentarios: