lunes, 3 de septiembre de 2012

Inicio de la campaña electoral de 1977 en Málaga



         La sede de la UCD malagueña, instalada en calle Larios nº 5, parecía un hervidero. Allí se encontraban todos los candidatos, buena parte de la prensa y algunos contratados para la primera pegada de carteles que se iniciaría a las doce de la noche.

            La cola preparada, los carteles con el donut de UCD, las escobillas, las acreditaciones y, sobre todas las cosas, la misión de “peinar” Málaga con el cartel foto de Adolfo Suárez. Aquellos tiempos, lógicamente, no son los de hoy; se podían pegar carteles en todos los lugares asequibles, los mítines iban a ser esenciales, también las cuñas de radio y poco más, pues tan sólo había una cadena de televisión, la que hoy conocemos por la 1, y poco más; sin embargo había ilusión, tal vez más de la cuenta, y ganas de trabajar por la libertad tras la sequía de la misma durante cuarenta años.

            A las 12 en punto de la noche, el pequeño ejército de UCD salió a calle Larios; desde la Plaza de la Constitución bajaba el gran ejército del PCE encabezado por  Tomás García y Leopoldo del Prado. Ambos colectivos se sumaron al grito de ¡viva la libertad! y entre aplausos de los unos para los otros, y viceversa.

            Ignacio, al igual que el resto de los integrantes de la coalición centrista, eran novatos en eso de la pegada de carteles; había más cola en el suelo que en las paredes y, por tanto, los resbalones con sus correspondientes caídas estaban a la orden de la noche; pero se hizo como se pudo, o sea: mal. No es que los “peceros” fuesen auténticos expertos en la cuestión, pero se les veían más preparados. 

            Al día siguiente Málaga era una ciudad variopinta donde se veían carteles de todas las medidas e ideología: desde Falange a la Liga Comunista Revolucionaria, pasando por Alianza Popular (padre y madre del actual PP), UCD (generosa hasta tras su desaparición con la incorporación de líderes y votantes al actual PP), PSOE, PSA, PCE, PTE, FN… y así hasta más de veinte candidaturas esparcidas por todos los lugares.

            Y llegaron los mítines sin bocadillos y autobuses, y sin artistas teloneros; la ciudadanía, tras la sequía democrática, ansiaba escuchar algo más que el ¡Arriba España!

            Ignacio, según me contaba, tenía preparado su “rollo” político-evangélico que llegaba al culmen, cuando dirigiéndose al público que atiborraba cines, plazas de toros y alamedas, decía:
-          “… ha llegado la hora que aquellos que durante años han tenido el brazo alzado cantando el “Cara al sol” lo bajen y los otros, los que han estado con el puño cerrado, abran sus manos, y todos nos fundamos en un abrazo fraterno para conseguir una España democrática…”
      
        Me comentaba dos anécdotas que recordaba con nitidez; una de ellas aconteció en Antequera; finalizado el mitin en su plaza de toros con el cartel de no hay billetes, un señor mayor se le acercó, se fundió en un abrazo con él y le dijo: “Me ha recordado usted a José Antonio”. La segunda tuvo lugar en Archidona y en ella, después de la intervención de Francisco de la Torre, un hombre, desde una bancada, gritó: “Don Francisco, nada más le ha faltado a usted gritar ¡Arriba España!”

(CAPÍTULO DE UN POSIBLE LIBRO DE JOSÉ GARCÍA PÉREZ)

2 comentarios:

  1. Otra anécdota.....yo tenia por aquel entonces 14 años y todavía algunas esposas les preguntaban al marido que votaban,jajajaja......:......pero la libertad empezó....y ¿Que hicieron?......votar "al mas guapo", tomaaaaaaaa jajaja

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