miércoles, 5 de septiembre de 2012

"El Pirri"



          Si Ronaldo sigue triste, yo fui ayer feliz. Sin llegar a la tristeza de Cristiano, hoy ya no es lo mismo, porque la gente menuda ha marchado a la feria de Tarifa, y nosotros preparamos los bártulos para que de hoy a un viernes maldito tomemos las de villa diego y nos instalemos en “la ciudad que todo lo acoge y todo lo silencia” e iniciemos nuestra estancia por el Gran Vía y los paseos por calle Larios arriba calle Larios abajo. Sin embargo, para no engañarnos y no engañarme, soy de los que prefiero una paella debajo de un semáforo que en pleno campo, por muchas margaritas y girasoles que adornen el refrigerio; una buena partida de póker a una soporífera de dominó; y un par de güisquis con el Pollo a bebérmelos con mi sombra.

            Y fui ayer feliz, porque tras echar un rato de comida ligera -ya va quedando poco parné-, me acodé en la barra del Vera de Mar en compañía de El Pirri, marido de la cocinera que cuece mejor los langostinos de Punta Umbría a Isla.

            El Pirri es un antiguo marinero que, me decía, está sintiendo de nuevo la llamada de la mar y que, por ello, cualquier día se embarca  otra vez. Para un servidor hablar de la mar es hacerlo de mi madre que, un día porque sí, fue a ponerse en la orilla, brazo alargado de la mar, para cerrar dulcemente sus grises ojos. Echar una bocanada de conversación sobre la mar es hacerlo sobre Carboneras (Almería), tierra o mar natal de la señora Antonia, y sobre las historias que la señora de los ojos grises me contaba cuando su pescadora familia se desplazaba, mar adentro, hasta llegar a La Higuerita -hoy Isla Cristina- para fanear en las almadrabas.

            Cuando llegué a este punto en la conversación, El Pirri me interrumpió para decirme que la Punta del Moral era una colonia de gente de Carboneras. “Allí, me comentó, viven los Alonso”, me quedé reinando en el tema porque mis ascendientes eran conocidos por los Chapaos, mote que les venía de ser, valga la expresión, más anchos que altos.

            Pero ahora, cuando escribo estas líneas, me llega una especie de boria u ogazón, neblina que impide ver el ósculo del horizonte con la mar, y recuerdo perfectamente que un hermano de mi madre estaba casado con una Alonso.

            Y fui feliz en ese hallazgo de mis neuronas. Bueno: ¿y qué?, dirán ustedes. Pues nada más, tan sólo que al escribirlo y transmitírselo a ustedes soy muchísimo más feliz. Y más lo seré cuando el año que viene indague por Punta del Moral una rama muy lejana de mi mar genealógico.

2 comentarios:

  1. Al final,final:....tirando y tirando,quien sabe,a lo mejor la "Duquesa de Alba" esa es prima tercera o cuarta y te enteras ahora,despues de lo "trabajao" que estas....

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