sábado, 22 de septiembre de 2012

Ayer, lloré





Ayer lloré.

Solamente dos lágrimas surcaron mi rostro.

Fueron dos ríos de vida.

Lloré de noche, como dicen que lloran los hombres.

No lo hice por nadie. Fue por mí.

Lágrimas de esperanza y desesperanza.

Sabiendo que es esperanza, ya no espero ninguna sorpresa de vida en mí.

Se encuentra todo mecánicamente milimetrado. Hay milímetros hasta en el límite de la ilusión.

Hoy y mañana siempre será todo exactamente igual.

Nadie descubrió mi llanto.

Todo dormía. Solo, sin capacidad de compañía. Nadie me acompañaba en mi pensar.

Me dormí con mis dos lágrimas, mis dos únicas lágrimas de vida.

(Del libro “Meditando en pecado” de J. García Pérez)

3 comentarios:

  1. ¿Quién no se ha sentido así en alguna ocasión?
    Yo sí.

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  2. Todo aquel que tenga un "corazón de piedra".
    Me alegro, en verdad, de verte por aquí.
    Abrazos.

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  3. Pues yo nunca he sido santo de devoción de "meditando en pecado", lloro más con él q con los "puentes de madison". Eso sí, los dos obras maestras y sus protagonista... Un beso

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