viernes, 28 de septiembre de 2012

Alertas




          Si me siguen, algo improbable, sabrán que la noche del jueves anduve por Ronda en compañía de Paca Aguirre y Félix Grande para rendir homenaje al poeta Rilke en el centenario de su presencia en Ronda, la “ciudad soñada” en palabras del autor de “Los sonetos a Orfeo”, las “Elegías de Duino” y “Carta a un joven poeta”, entre otros milagros de tan solemne escritor.

            Los tres invitados, de distinta forma, hablamos de la estancia de Rilke en Ronda donde, según los expertos, inició su “Sexta Elegía de Duino” tras su periplo por Córdoba, Toledo y Sevilla, y fue aquí, en “La Ciudad del Tajo”, y más concretamente en su Hotel Reina Victoria, totalmente remozado, donde realizó e inició su canto a “La higuera” (VI Elegía): árbol maldito y señalado por Jesús de Nazaret o por el presunto ahorcamiento de su discípulo Judas.

            La verdad es que lo pasamos bien: leímos, reímos, bebimos, cenamos, charlamos, nos mojamos y dormimos lo que pudimos; los asistentes parecieron satisfechos de nuestra presencia e intervenciones y la noche, aunque pasada por aguas, fue la sombra alargada de nuestra particular forma de ser, algo bohemia aunque machacada ya por la edad.

            Pues bien, con esa edad, no siempre va a ser un servidor una lágrima viviente, he realizado con mi pastora, se llama Pastor mi compañera y esposa, al igual que Ana, la granadina aterrizada en Tarragona y que durante años se dedicó a endulzar la vida de los demás, y ahora lo hace conmigo a través de sus mensajes en Facebook, he realizado decía, el más el más peligroso de todos los viajes hechos hasta el día de hoy.

            Atravesé, sin miedo alguno, perdonen mi inconsciencia, las alertas amarilla, naranja y roja por el Valle del Azahar, los caminos de Ardales, los buenos chorizos de Cuevas del Becerro y la solemnidad de la rocosa Serranía de Ronda, y a la vuelta, cuando ya todo era rojo camino de negro, atravesamos el Valle del Genal, mientras los señores y señoras de Radio Nacional  anunciaban tornados a toda pastilla.

            Perdonen la expresión, pero “en llegando” a la “ciudad que todo lo acoge y todo lo silencia” apuramos unas ricas mollejas de cordero y brindamos por la osadía, el riesgo y la poesía.

            Alégrense con nosotros, somos invencibles.

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