miércoles, 26 de septiembre de 2012

Ahí va: Mario Conde



          Malos vientos, me decía  ayer, cruzan España de norte a sur y de este a oeste y en el mismísimo centro, donde un torbellino de cabreo e imprudencia intentaba cercar el Congreso de los Diputados. Andaba preocupado, la radio pegada, el Google a pleno funcionamiento e intentando contemplar las imágenes de la concentración del 25-S siempre con el temor que los nervios, por uno u otro bando, convirtieran el acoso en una tragedia.

            Como hago y escucho de todo, me senté frente a Intereconomía para seguir viendo imágenes en directo, pues aunque recalcitrante en la mayoría de las ocasiones por su sesgo derechoso y antisistema, prefería ver el Gato antes que a la Gata Penélope, pues no estaba la noche para tacones de doce centímetros.

            La mesa del gato estaba formado por el histórico Pablo Castellanos, el prehistórico Inocencio Arias, el ex banquero Mario Conde y otro señor más que nunca consigo quedarme con su nombre, ni falta que me hace.

            Andaban analizando las cargas policiales, la agitación de los antisistemas, la situación del país, la parte de razón que tenían los cabreados, los incumplimientos del gobierno de Rajoy y toda esa traca que, por pesada, la oímos y la dejamos pasar porque la sabemos de carrerilla.

            Pero he aquí, que de pronto el ex banquero y ex presidiario Conde inició una mascletá contra la derecha que apoya al gobierno que ni Julio Anguita, en sus buenos tiempos, es capaz de endiñar. Y además de tomar la tribuna del Gato por asalto -por algo será-, se apropió de la misma para hacer campaña, muy sutilmente, sobre las elecciones gallegas.

            Y es que un servidor, metido en una y mil aventuras, no sabía que Mario era Presidente de un nuevo partido que se llama “Sociedad Civil y Democracia” y que inicia su andadura en Galicia, donde se presenta por Pontevedra.

            Lo bueno que tiene la actual España es que cada quisque busca su protagonismo y el ínclito candidato a presidir Galicia lo tuvo y, por lo que veo, lo sigue teniendo. Dios nos salve de él y de todos aquellos que dicen que les gustaría votar una Constitución porque ellos no votaron la de 1978, como si eso fuese coser y cantar, dos actividades de las que, por cierto, no tengo ni zorra idea.

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