jueves, 2 de agosto de 2012

¡Viva Villa!


          
          Anoche me acosté tarde viendo la película “Gringo viejo”, excelente adaptación de la novela de Carlos Fuentes; a eso le llamo disfrutar de buen cine y mejor lección de lo que es el declive existencial de un hombre y su encumbramiento vital, encarnado por Gregory Peck en el apasionante ambiente de la revolución de Pancho Villa. Mereció la pena aguantar hasta las tres de la madrugada, y puesto a vivir el romanticismo pasé un rato, pero que un buen rato, en la sacra terraza donde el murmullo de la brisa hacía sonreír al viejo ficus.

            Así que hoy, entre las once y doce de la mañana, he despertado al día de manera fraudulenta, gozo que me puedo dar cuando ya mi única misión es la de esperar a que cualquier mañana lo ignoto me impida ver el día con la claridad que ayer observé la noche.

            Como en el bajo del viejo apartamento se encuentra la pescadería de Antonio Coro, y la tropa femenina se encontraba en la playa, justo a la hora en que todos los dermatólogos dicen que no hay que estar, me dije, “ea, vamos a salirnos de la normalidad y voy a preparar parte del menú

            Así que salí, presto y con euros suficientes para la compra, y bajé a otear el museo de pescado que podía tener Antonio, y me encontré con unas blancas gambas que, por su aspecto, debían de estar exquisitas mediante una buena cochura, arte éste en el que soy un auténtico experto.

            Compré medio kilo bien despachado y una sartenada de chirlas, almejas del lugar que ganan en sabor a las monstruosas especies negras de laboratorios; pedí las suficientes para una buena sartenada. A continuación, y por un módico precio, compré un puñadito de navajas al que añadí otro medio kilo de pequeñas acedías, familia de los lenguados y que solamente, que so sepa, se dan por estos mares. “El Coro” se había entretenido en limpiar unas peligrosas arañas y preparar unos lomillos que se metían por los ojos, adquirí un buen puñado de ellas.

            Con la compra realizada y a falta de una buena revolución ante el desplome de la bolsa y la subida de la puñetera prima, me enzarcé en mi particular guerra con las gambas que, por cierto, brotaron primorosas ante el espurreo de sal gorda con que las rocié tras haberlas cocidas.

            En fin, un mediodía gastronómico que les narro porque les quiero. ¡Viva Villa!

2 comentarios:

  1. Gregory Peck está genial en esa película, pero me sigo quedando con "Duelo al sol", a pesar de su magistral y oscarizada "Matar a un ruiseñor".
    "Tu única misión", no me gusta nada como título para tu película, que en el Copo de la farmacia y el Nolotil no quise preguntar nada porque hace mucho calor, pero no me faltaron las ganas.

    Besos, corazón!!

    Ana Pastor.

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  2. Lo bueno de Gringo Viejo es la novela de C. Fuentes, además de la interpretación de Gregory. Duelo al sol es demasiado teatral, aunque llena de pasión; y Matar a un ruiseñor es un mito del cine.
    Lo que no comprendo es lo que dices sobre "Tú única misión" que comentas en el copo de ¡Viva Villa!
    De momento, si la novela, memorias o ensayo continúa le tengo preparado este título: "Desde el Gran Vía (70 años de historia de Españana)"

    Besos.

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