lunes, 27 de agosto de 2012

Verano raro



          Pues por aquí, “donde el viento silba nácar”, se ha iniciado el éxodo de aquellos que han podido pagarse unas vacaciones; parecen multitud, pero en el fondo son pocos si los comparamos con los que se han quedado en su casa -hipotecada o no- tomando el sol de los lunes a la espera de encontrar un trabajo que les sacuda la pereza de acostumbrarse a no hacer nada, unos de los laboreos más aberrantes que existen en la actualidad.

            Por más que les pese a algunos, y son muchos, este ha sido el verano de Juan Manuel Sánchez Gordillo y Diego Cañamero y sus gentes del Sindicato Andaluz de Trabajadores; y eso que no han llegado a la oración del Che Guevara, cuando un limpiabotas se arrodilló ante él para dar  brillo a sus botas y, al verlo arrodillado, agarrándolo del cuello le dijo: “ve y roba, pero no te arrodilles ante nadie”

            No seré de los que digan que lo he pasado mal, pero créanme que no ha sido nada del otro mundo: mucho escribir, poco andar, ni un solo chapuzón por prescripción médica, algún que otro güisqui, una noche infinita con Noelia, ocho cortes de cabeza al seis doble, las nietas y su madre y la madre de ella, algún lametón del pequeño perro Rambo, la visión eterna del ficus y un par de bailes haciendo algo el ridículo.

            Llega septiembre (con “p” o sin “p”) y todavía permaneceré algunos días por aquí recopilando, opinando, aburriéndome y esperando, siempre esperando. No sé qué es lo que espero, pero a esta jodida edad a la que hay que sumar un año a los tres cuartos de siglo, tan sólo una espera pausada puede aliviarnos el tedio; esperar algo que me asombre, algo que sea capaz de sacudirme la mustia vivencia de la nostalgia.

            ¿Y qué puede ser?, pues la verdad es que me agradaría cantidad que la revolución se instalase en el cerebro y corazón de las personas; no es necesaria una cantidad ingente de seres, tan sólo las justas para que, como se decía en mayo del 68, “nuestros sueños sean sus pesadillas”

            Retorcer esta marcha lenta al conformismo y sacudir fuerte a los poderosos, pero muy en especial a los que se recrean en querer serlos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario