jueves, 2 de agosto de 2012

¿Un enfermizo protagonismo?


           Existen personas que tienen el poder de convencer o seducir, porque al fin y al cabo ambos conceptos vienen a tener el mismo significado o andan muy próximos el uno del otro. Una de esas personas es Ignacio.

            Tras aprobar las oposiciones al Cuerpo Técnico de Directores Escolares, los compañeros lo eligieron Presidente del mismo en la provincia de Málaga. Al integrarse en la llamada Escuela de Dirigentes de Cursillos de Cristiandad, el obispo de la diócesis malacitana, Ramón Buxarrais, lo nombró, a propuesta de los componentes de dicho organismo, Presidente de dicho Movimiento religioso. Al entrar en política, fue elegido Secretario Provincial de UCD de Málaga; y tras pasar a formar parte del PSA, ocurrió exactamente igual. En la actualidad, por votación de sus miembros, ostenta la Presidencia de la Asociación Colegial de Escritores de Andalucía.

            ¿Pura casualidad o deseo insaciable de ser protagonista? Durante el tiempo que le conozco, de forma socarrona le pregunto en El Gran Vía  por ese pequeño encumbramiento en las actividades que se mueve o que se ha movido. Y él, más socarrón si cabe, con el tercer güisqui bamboleándolo en la mano, me contestó en cierta ocasión: -“Mi gran hazaña, Juan, ha sido no ser Presidente de mi Comunidad de Vecinos, y mira que llevo más de cuarenta años viviendo en el mismo bloque”

            Me río con sus ocurrencias y sus verdades, me hacen pensar; por eso lo busco en cuanto tengo un tiempo libre y pasamos horas hablando de poesía, literatura, periodismo, mujeres, amor y política, aunque en esta última actividad es algo reservado; creo que el paso del tiempo ha invertido su ideología, y otras veces pienso que la utopía es la madre de sus virtudes y defectos.

            Sobre el amor afirma que nada más se ama una vez si es que se encuentra uno con el asombro personificado en forma de mujer; lo demás, afirma que son quereres, carantoñas o sencillas maneras de ser tolerante. Un día, tras charlar medio en broma y medio en serio, lo asalté con esta pregunta: -“¿Sabes que me gustaría ser cuando tenga más o menos tu edad?”. Rápidamente me contestó: “- Sí, ser como yo”

            Quedé totalmente sorprendido, porque justamente esa iba a ser mi contestación. A continuación, me aconsejó: “- Quítate esa idea de la cabeza, porque sufrirías muchísimo buscando o esperando hasta el último día qué es lo realmente deseas ser. Ese es mi auténtico problema, y me alegro de tenerlo porque no hay mayor problema que no tener ningún problema.

            La conversación había tomado un vericueto interesante, el suficiente para pedir otro güisqui, o “agua de fuego” como le llama Ignacio. Así lo hicimos, pero cuando íbamos a seguir masturbándonos la mente apareció Pepe “el Pollo” y la noche caminó por otros derroteros.

4 comentarios:

  1. Jaja!! Mira que perderte la presidencia de la escalera....Hoy tengo risa para un rato.

    El lider se lleva dentro, es uno de los "tipos" en psicología, y no es ni mejor ni peor, diferente, pero algo más valiente que el resto.
    Y en tu caso, más alto y más guapo, ea!!

    A mí me dió por ser empresaria a los 20 años, y hasta la fecha.

    Gracias y besos, corazón.

    Ana Pastor.

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  2. ¿Y cómo te va de empresaria? ¿Y a qué se dedica la empresa? Vamos... que me faltan datos para meterte de cabeza en la novela.

    Besos, muchos.

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  3. "Paralelas convergentes", va a ser el título de mi novela. Aprovechando que tengo un corrector de estilo que es un lujo, voy a escribir la historia de dos personas que se conocen en una red social. Ella lo admira a él y se lo pasa genial cuando lee lo que él escribe, además es feliz cuando se rien juntos.
    Comparten historias vividas paralelamente y se cuentan algunas aventurillas. Ella está enamorada de la poesía que él escribe desde que la conoce, y un día decide que quiere conocerlo en persona.
    El final es sorprendente, jaja!!. Esto es broma, lo que sigue, no.

    Cuando mi tio se jubiló, me traspasó su pastelería y a las personas que lo ayudaban, entre ellos un pastelero de 23 años, yo tenía 20. En el pueblo habían dos curas, Mosen Santiago, el mayor, y Mosen Juan, joven, alto, moreno, guapo....y tocaba la guitarra. Los dos me trataban muy bien porque siempre les llevaba pasteles,la mayoría se los regalaba la gente del pueblo, y yo era amiga de los dos. A mosen Santiago se le puso en la cabeza que me tenía que casar con el pastelero porque según él, pasábamos muchas horas juntos y la gente podría murmurar porque yo no tenía padres, cosas de curas, y aunque le decía que había más gente con nosotros trabajando y que yo pasaba más tiempo en la tienda, no me hacía ni caso y me mandaba a mosén Juan a convencerme, jaja!!
    El cirujano del pueblo, que también era amigo mio, me encargó un pastel para una fiesta en su casa.
    Además de los curas, el alcalde, el director del colegio (otro día te hablaré de él porque escribe muy bien), las señoras de todos ellos (incluida la de mosén Santiago), y el sargento de puesto de La Benemérita, también me invitó a mí. El pastel era
    especial para la ocasión, esa que pintan calva, y le pedí al cirujano que le cediese el honor de partir el pastel a mosén Santiago, pobre!! casi se parte la muñeca; le había hecho una base de cemento cubierta con bizcocho y adornada con nata y chocolate. Cuando nos cansamos de reir saqué el que estaba en la nevera y no lo quería cortar nadie, ay! hombres de poca fé, lo corté yo, pero el mosén me puso entre sus cejas desde ese día. En fin, que consiguió que decidiera casarme después de que un día llegó el pastelero y me dijo: "Que dice mi madre que podemos ser novios". Enseguida pensé que era obra del mosén junto con la madre del pastelero, esa, la que lo parió. Y llegó el día antes de la boda y mosen Santiago quería que me confesara para poder comulgar, y yo que le decía que el único pecado que tenía era la travesura que le hice con el pastel, que no me confesaba desde los 15 años (también te contaré por qué otro día), y que no pensaba confesarme. Pero fuí y me puse en el confesonario de mosén Juan, que dió un brinco cuando escuchó mi: "Ave María Purísima". Y es que en otra fiesta del cirujano, volvíamos a estar todos con pastel incluido, pero esta vez le pasé el cuchillo a mosén Juan y le dije que adelante, sin miedo!!. Le clavó el cuchillo con tanto garbo que el pastel hizo ¡¡PUM!!, llevaba un gran globo dentro, la sotana y el uniforme del sargento quedaron listos para la tintorería. El salto del sargento Diego, fué lo mejor. Cuando recuperó el habla me dijo: "Por menos que esto, he metido yo gente en la cárcel", cosas de sargentos.Sigamos...
    Mosén Juan me pregunta: ¿Qué haces tú aquí? tú te tendrías que estar confesando con mosén Santiago.
    ¿Y tú no eres cura?, le pregunté yo. Vale!, me dice, ¿de qué te arrepientes?. Me arrepiento de casarme virgen a los 22 años y sin querer hacerlo.
    Salió corriendo del confesonarío, resbaló, se cayó con su 1,80 de largura y alborotó a toda la gente
    que había en la iglesia. A los pocos meses colgaba los hábitos y se iba a trabajar a la nuclear. No fué culpa mia, a mí me casaron al día siguiente.
    A los 33 años dejé la pastelería en manos del pastelero y me dediqué a estudiar y a cuidar de mis hijos.
    Continuará......
    Cuando te aburras, ya me lo dirás.

    Besos, corazón.

    Ana Pastor.

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  4. Ya sé que no te importa, pero me preguntas y te contesto:

    He trabajado tanto y tan duro, tantas horas....que sólo volver la vista atrás me quita hasta las ganas de escribir, pero....

    Una pastelería da dinero, la mia lo daba y lo sigue dando, además tenía cafetería y siempre había gente, me gusta la gente. Pero ya te dije que la dejé y me dediqué a estudiar y a cuidar de mis niños.
    Estudié Jardin de Infancia, hice un Master en Psicología Infantil, estudié Relaciones Laborales, Riesgos Laborales y Contabilidad, más tarde empecé con el japonés, la caligrafía y el inglés.
    Monté una guardería que iba muy bien y me lo pasaba genial con los pequeños, hasta me dormía con una sonrisa recordando las trastadas del día; pero mi pequeño tenía 6 años y me necesitaba,el mayor tenía 13 y estudiaba, no era cuestión de sacrificarlo tanto por su hermano. Después de dos cursos, dejé la guardería llorando. He seguido viendo crecer a algunos de ellos, una maravilla.
    Un amigo me ofreció colaborar con él en su empresa de publicidad, y otro que creáramos un diario gratuito en Tarragona, ellos lo estaban haciendo en Barcelona y querían una sucursal. Y monté otra empresa y la disfruté. Me tocó hacer de periodista, fotógrafa, creadora y vendedora de publicidad, y en las épocas de elecciones,hasta ensobradora de mailings.
    Además llevaba todo el tema laboral, nóminas, T.C,
    altas y bajas de los trabajadores, uf!!, pero mi pequeño ya tenía 13 años y el mayor 20, y yo pesaba 40 kilos(ahora peso 55, la buena vida). Aún me dió tiempo para colaborar en dos libros de fotografías que están publicados, y plantar algunos árboles, que siguen vivos, incluido el ficus.
    Así hasta el 2007, ahí llegó el síndrome del nido vacio.Mis hijos con sus carrearas terminadas, su trabajo, sus parejas....y mi pareja que se sintió joven y se fué a vivir nuevas aventuras.
    En septiembre de 2008, llamé al amigo que me enseñó el negocio y le regalé los clientes sin dinero a cambio,sólo con la condición de que se quedara con
    los trabajadores; lo aceptó, y en diciembre del mismo año di de baja la empresa y me senté a meditar, pero no por mucho tiempo, "Pastor Assesors" estaba en marcha....y en eso estamos.

    Luego dirás que no te releo.

    Un millón de besos por tu paciencia.

    Ana Pastor.

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