lunes, 6 de agosto de 2012

Pues sí, el bogavante



          Reconozco que en estos tiempos de ruina no es elegante comentar que nos hemos comido un bogavante de dos kilogramos; de casi pecado mortal es el asunto, pero confío en que el presunto sacerdote me perdone  y de ustedes, queridos lectores y lectoras, solicito la mayor comprensión, no digamos del ácido úrico tan activo últimamente.

            Un bogavante de esa envergadura necesita una buena cacerola; al bicho en cuestión hay que introducirlo en el recipiente cuando el agua está fría para que no cruja, y el caldillo, lo más exquisito junto a las enormes patas, no se escurra.

            Para que el bendito cuerpo quede sabroso, o sea, ni soso ni salado, hay que echarle al agua cuatro puñados de sal y medio más de propina; justo en el momento que el agua comienza a hervir, el “boga” necesita veinte minutos de cochura, ni uno más ni uno menos; como este manjar no era congelado, sino que llegó vivito y coleando, no hay que echarle hielo, sino que dejar que se enfríe y, una vez conseguido, al frigorífico. Un blanco de Rueda, muy frío, le viene como anillo al dedo y, ea, a disfrutar del festín.

            La ceremonia del manduca ha gozado de todas las batallas establecidas en una familia que gusta de estos sacrificios; la nietas preferían las patas por aquello de sorber con placer; la hija es amante del cuerpo que comparte con la madre, y un servidor, el más sacrificado en estos menesteres, se conforma con la cabeza, el lugar de mayor concentración del jodido úrico.

Dicho lo cual, añado a continuación que ha sido un regalo de nuestro vecino Antonio Coro por lo que le estaré eternamente agradecido.

Si me leen, recordarán que les narré lo de Chavela Vargas y su último trago, trago que, por desgracia, ha sido el último; se nos ha ido a “un mundo raro” por lo que tiene de desconocido.

Sé que numerosas personas, a las que envidio de verdad, no les importa acceder a ese mundo, o sea, a la Casa del Padre, pero, por ahora, y con mi vecino Coro, como en la casa de uno no existe mejor lugar.

Descanse en paz Chavela, aunque su inmortalidad me ha llevado hoy a disfrutar, no les engaño si les digo que mucho más que con el bogavante, como un cosaco.



2 comentarios:

  1. Como se dice en mi tierra cuando se interrumpe una comida, aunque esta haya ya acabado:¡Que aproveche!

    Por fin encontré la entrada donde hice el comentario. Fué esa que tiene la foto de Rajoy con cara de imbécil, quiero decir con cara de más imbécil aun; "Y de la anarquía, que nazca la luz" (11 de Julio o por ahí).

    Por cierto, en el artículo de ayer sí que te he dejado un comentario... es que cuando la cosa va de curas no me puedo resistir.

    Y ahora menos que he empezado a leer " La Genealogía De La Moral".

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  2. Chavela Vargas vino con "La luna grande" a dejarnos su canto de cisne, y se marchó a buscar un amor que la comprenda. Que nos espere muchos años.
    Brindemos con el blanco de Rueda,salud!! por ella y porque sigan existiendo los bogavantes. Aunque prefiero el Moët para todas las ocasiones.

    Besos.

    Ana Pastor.

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