sábado, 18 de agosto de 2012

Nacimiento de Cursillos de Cristiandad



          El Movimiento de Cursillos de Cristiandad influyó fuertemente en la vida de Ignacio durante el periodo que va de 1966 a 1977; fueron once años de dedicación absoluta, pero tal vez por ello dejó abandonados algunos momentos esenciales en la vida de cualquier persona: un ejemplo pudiera ser que nunca disfrutó lo bastante la infancia de su única hija.

            Por aquellos años, el MCC era, además de un fenómeno religioso, un acontecimiento social. Se daban dos y hasta tres cursillos mensuales, los cuales estaban formados por hombres de la ciudad y del medio rural. Eran retiros de hombres para hombres, hasta que en un momento dado se convirtieron en mixtos, o sea de hombres y mujeres.

            Ignacio siempre creyó, y lo sigue manteniendo cuando hablo de él sobre el tema, que los “cursillos” perdieron fuerza porque el primitivo lenguaje y toda su base psicológica y pedagógica fue diseñada para hombres.

            El MCC nació en Mallorca en los años cuarenta del pasado siglo. Surgió a través de una peregrinación que jóvenes de Acción Católica hicieron a Santiago bajo el lema de “Ultreya” -voz griega que significa “más alla”-; a la vuelta iniciaron los llamados “Cursillos de Conquista” y, más tarde, los fundadores cayeron en la cuenta que tenían entre sus manos un “arma” a la que podían sacar más provecho evangelizador que el inicialmente pensado; puestos manos a la obra, nacieron los Cursillos de Cristiandad.

            Entre los fundadores, los más importantes fueron Eduardo Bolín, seglar, y los sacerdotes Juan Capó, Sebastián Gaya y Jaime Daviú, todos ellos arropados por monseñor Hervás, obispo de Mallorca; Ignacio, posteriormente, mantuvo reuniones con todos ellos, aunque fue con Daviú con el que mantuvo un mayor contacto.

            La energía, rayana en la santa locura de la conversión, hizo que MCC fuese mal visto por la jerarquía eclesiástica y durante años, Roma, valga la expresión, prohibió durante algunos años que siguieran celebrándose. Fue por ello que se inició la diáspora de los fundadores, que fueron trasladados a las siguientes diócesis: el obispo Hervás a Ciudad Real junto a Sebastián Gaya y Jaime Daviú, y Juan Capó, auténtico cerebro del MCC, a la diócesis de Córdoba.

            Más tarde, Roma concedió el nihil obstat a la celebración de “Cursillos” y, pasados numerosos años, el nada sospechoso Papa Pablo VI, en una famosa Ultreya celebrada en Roma pronunció la célebre frase, célebre para los comprometidos con el MCC: “Los Cursillos de Cristiandad han adquirido carta de ciudadanía”

(CAPÍTULO DE UN POSIBLE LIBRO DE JOSÉ GARCÍA PÉREZ) 

4 comentarios:

  1. Habría sido interesante escucharte,siempre lo es.
    ¿Por qué crees que perdieron fuerza por estar diseñados para hombres?.
    ¿Cómo influyeron en Ignacio estos cursillos?.


    En mi familia, por parte de madre, hay unas siete Elenas. Las tres que mencioné viven en Tarragona y son, mi hermana, su hija y su nieta, las tres me llaman "tata", pero la pequeña dice que soy más que su abuela porque soy su tia-abuela. Ahora tiene 11 años, pero desde los cinco anda diciendo que tiene un humor "inónico" como su tata. Cuando tenía tres años, me regaló una varita que había recogido del suelo cuando podaban los árboles, la traía en la mano escondida detrás de la espalda, me miró muy seria y me dijo: "La he cogido para ti y es mágica",luego dice que la irónica soy yo.
    Aún la conservo, por si tiene razón.

    Besos, corazón.

    Ana Pastor.

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  2. Durante un cierto tiempo (1966-1977) influyeron muchísimo en mi vida.

    Sencillamente porque estaban diseñados para hombres. Más tarde los viví mixtos, o sea, con mujeres, pero era otra cosa muy distinta tanto en el mensaje, como en la sinceridad, como en el exquisito tacto que había que tener para que ellas no se escandalizaran.

    Vaya tela: tres Elenas y una Tata. Te descubrió bien la pequeña, aunque se equivocó, oh Ana, no era la varita la que tenía magia, sino la "tata"

    Besos, chatilla.

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  3. Estoy segura de que te da para otro buen artículo el tema de la sinceridad, y el exquisito tacto con las mujeres en los cursillos.
    ¿Serías tan amable de contármelo? Amable ya se que eres, entonces la pregunta debe ser: ¿Me lo contarías, porfa?.

    Gracias por tus respuestas y tu paciencia para conmigo.

    Un abrazo.

    Ana Pastor.

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  4. No es paciencia, oh Ana, es leerte, recoger pistas y seguir con la novela o memorias.
    Verás, en aquellos tiempos había un rollo que se llamaba "Piedad", era el último de la primera noche, y lo daba un hombre que se había convertido en un Cursillo. Hasta ese momento pasaba de incógnito y los tres primeros cuartos de hora los dedicaba a dar leña de lo lindo a las tres sagas de católicos: "beatos", "practicones" y "fariseos". Al final del rollo, comentaba lo debía ser la auténtica alegría del cristiano... y comenzaba a lanzarse sin paracaídas por lo que había sido su vida de "pecador"... y narraba su conversión.

    Yo era uno de esos rollistas, pero delante de mujeres "daba cosa". En el fondo, "Piedad" era un rollo psicólogico en el que una vez que tú abrías tu sagrada intimidad, ellos, los cursillistas también lo hacían.
    Besos.

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