viernes, 3 de agosto de 2012

La primera noche



            Ante mi pregunta sobre qué es un Cursillo de Cristiandad, Ignacio respondió que es un refrito en el que se conjugan evangelio, religión, pedagogía y psicología; todo ello en un retiro que tiene una duración de tres días.

            La primera noche -narraba él- los asistentes se enfrentan a dos personajes: un laico y un sacerdote. El laico, llamado rector, es el encargado de dar la bienvenida a los invitados mediante una intervención en la que juega a dar una explicación sobre a qué se van a enfrentar y cual debe ser su disposición.

            Digamos que los dos conceptos más significativos que explica son un chiste y una disposición. El charrasquillo trata sobre un señor que va a visitar al médico a decirle que tiene un cocodrilo debajo de la cama; sorprendido, el galeno le manda un sedante. Con el paso del tiempo, paseando una tarde, el doctor se encuentra por la calle donde vivía el presunto enfermo e intenta acordarse del número de la vivienda; una vez recordado se acerca a ella y pregunta a un vecino por su paciente.

-Ha muerto, le contesta.
-De qué.
-Pues mire señor, tenía un cocodrilo debajo de la cama y una mañana al despertarse, el cocodrilo se lo comió.

La moraleja es que cuando alguien tiene un problema tiene que hacerle frente o el problema acaba con uno o una.

La disposición que desea incrustar el rector entre los asistentes es que el Cursillo pretende llenar la cabeza de ideas y el corazón de fuego, o sea, intentar conjugar razón y sentimiento.

            El sacerdote tiene durante esa noche dos meditaciones; una se basa en el “conócete a ti mismo” de san Agustín y la segunda, es una explicación de la parábola conocida por “el hijo pródigo”.

Se intenta y, a veces, se consigue que el, llamémosle “cursillista”, se enfrente a su realidad que siempre se presente cruda y en la que predomina la parte más negativa del ser humano para a continuación, tras un breve descanso, hacerle ver la bondad del Padre en la “parábola del hijo pródigo”, parábola que descansa esencialmente en la figura del hijo mayor, el fiel al padre, que se entristece por la fiesta que se prepara en casa por la vuelta del hijo menor, el infiel que había malgastado la herencia paterna. La frase de desprecio, de desapego hacia su hermano al que niega su fraternidad: “Y ahora viene ese hijo tuyo”, va a ser esencial en el desarrollo de los tres días de Cursillo.

            En esta primera noche, si se desarrolla bien pedagógicamente, debe quedar claro un doble aspecto: que no todos los que se dicen hijos de Dios actúan como tales y que los pecadores, los alejados, son igual o más queridos por el Padre; “habrá más fiesta en el cielo por un pecador que se arrepientan, que por cien justos que entren en el Reino de los cielos”

            -¿Y daba resultado ese inicio de retiro?
            -Pues la verdad es que allá por 1966, cuando hice mi Cursillo, era efectivo al cien por cien. Actualmente, ignoro si habrá cambiado el método, pero don Ángel, el cura, es que lo bordaba. Ten en cuenta que, esencialmente, el Cursillo estaba concebido para “pecadores” o equivocados como yo, y nos venía como anillo al dedo. Créeme Juan.

            Ignacio lo había explicado tan sencillamente que, camino de casa, iba preguntándome en cual de los dos hijos podía encajar yo, o sea, me hizo pensar como siempre que hablábamos en plan serio.

3 comentarios:

  1. Creo que muchas veces es difícil conjugar razón y sentimiento.

    Besos.

    Ana Pastor.

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  2. Pero que listo ese cura, no creo que haya muchos embaucadores como éstos fuera de la Iglesia, salvo los de la ficción.

    Un ardiz de buen trilero el de esos cursillos, con gancho y todo para meter la muleta y que el pardillo entre al trapo. Como en ls película "El Golpe", magnífica, o la más reciente y segunda de la saga "Ocean´s Twewlve".

    Te hago referencias cimematográficas porque creo, por tu libro "18 horas con Tejero", que el cine te debe gustar mucho y las habrás visto, seguro.

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