viernes, 17 de agosto de 2012

Elena, el abuelo y los años



        Elena es mi nieta; el abuelo soy yo; y los años, ese tiempo que inexorablemente se acumula sobre las personas. Ustedes no la pueden ver, pero la fotografía en la que Elena (con un añito de edad) posa sus labios en mí (con diez años menos que ahora), es, tal vez, la imagen más tierna de todas las acumuladas en el disco duro de mi ordenador; pero si la quieren ver lo pueden hacer pinchando http://el-copo.blogspot.com

            Como mañana es su onomástica deseo felicitarla, y en ella a todas aquellas niñas y mujeres que lleven su nombre, y a todos los abuelos que ejercen como tales, o al menos lo intentan; tarea nada fácil porque la osamenta ya no está en plena forma y la lumbalgia asoma con sus irresistibles deseo de molestar a más de uno y una.

            Los abuelos, se supone que también las abuelas, a esa inocente edad de sus nietos se convierten en sus auténticos juguetes y viceversa, aunque en menor medida. Cuentos e historietas van ocupando un lugar en los pequeños cerebros para llenárselos de pajaritos en prevención que más tarde lleguen otros para que sean los buitres los que revoloteen por su cabecitas; y así, tal vez los nietos y nietas, sepan, cuando llegue el momento, diferenciar los buitres de los pajaritos.

            Sin embargo, con el paso del tiempo el padre y la madre van ejerciendo su rol, y una palabra, un consejo, una orden, un beso de viene y va, comienza a colocar a cada miembro de la familia en su lugar correspondiente, es entonces cuando el abuelo pasa para los nietos a un segundo plano, pues el primero, como debe ser, lo ocupan sus progenitores.

            Cuando ocurre este hecho, que siempre ocurre, es cuando los pajaritos que colocaron con esmero comienzan a revolotear por el interior de l@s niet@s y a posar su vuelo en sus momentos cruciales.

            El abuelo ha dejado de ejercer  aquel rol de narrador del cuento de “el caballo blanco” y comienza, oh Dios, si tiene tiempo y sabe, a explicar a Elena lo que es un quebrado o una división de decimales.

            A veces, el tiempo se debía detener.


Nota: El primer párrafo de este artículo va dirigido a los lectores de www.diariolatorre.es donde mañana se publicará.


4 comentarios:

  1. ¡Felicidades, abuelo y nieta, por teneros el uno al otro!
    Es una preciosidad de chiquita, y la foto es bellísima,
    un abrazo fuerte

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  2. Feliz Santo!!

    Creo que deberías contarnos ese cuento, el del caballo blanco, seguro que muchos no lo sabemos, y seguro que se hace mágico cuando tú lo cuentas.

    La fotografía, ese instante robado de la clepsidra de Cronos, es tan tierna que dan ganas de besarla.

    Y ahora me voy a felicitar a mis tres Elenas.

    Besos y feliz día, corazón.

    Ana Pastor.

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  3. Gracias, buena amiga.
    ¿Tres Elenas?... y eso.
    Procuraremos pasarlo lo mejor posible.

    Besos

    Pepe

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