viernes, 10 de agosto de 2012

Con Chet y Noelia



             No tengo hora fija para teclear, aunque últimamente vengo realizando la tarea mañana, tarde y noche en la sagrada terraza donde el ficus desea, esa es mi sensación, asomarse a la pantalla; comprenderán, tras más de ocho mil “copos” escritos, que a mi izquierda descansa un rico y dulzón pampero a la espera que lo bese y succione con inmenso amor.

            Esta noche, por ayer, le daba vueltas a la tabarra que se traen Alfredo y Mariano, y por un momento, tan sólo un momento, pensé en sacrificar a usted, querido lector, con otra diatriba más sobre política. Bebí un sorbo del milagroso ron y, como si fuese una bendición de los dioses, llegó hasta mis cascado oídos el leve sonido de una trompeta encantada y encantadora, ni más y menos que la de Chet Baker, el mejor trompetista de jazz, pues en sus melódicas notas la nostalgia, alargada con la suavidad de su toque, se hace presente y pasado.

            A este lugar “donde el viento silba nácar”, La Antilla, si no se le llega a coger el pulso de la pleamar y la bajamar, del alba y el ocaso, de la duna y la marisma, de la baila y del choco, puede convertirse en el desierto del tedio; de manera que hay que estar atento y vigilante ante cualquier milagro que pueda emerger.

            La terraza de la que les hablo está a un tiro de piedra del Club Deportivo “Vera de Mar”; pues bien, cansado de pensar sobre sí escribir del rescate monetario o del moral, al que alude Angel Doctor, ay Dios, marché tras los bucles de la trompeta de Chet Baker y sus blues, porque son blues, que procedían de la terraza del citado Club.

            Como la trompeta de Baker es cualquier cosa menos estridente, subí, como rizos, los escalones que llevan a una bella de atalaya; y en ella, en la terraza, grupos de personas susurraban palabras y esgrimían sonrisas de juventud. También joven, pero sin nadie a su lado, una chica observaba a la luna en ese viaje que nunca he llegado a comprender.

            De nombre Noelia, me senté junto a ella y me acogió, aunque uno sea anciano; mientras apurábamos los pamperos correspondientes, la trompeta de Chet, baja de tono, nos animaba a conversar.

            Y lo hicimos, y nos amamos por un instante, porque comunicarse es un acto de amor; sin ruidos de por medio, solamente con la melodía del mejor trompetista de todos los tiempos.

3 comentarios:

  1. "Serenity" es una melodía que me gustaría escuchar a tu lado.

    Dos besos.

    Ana Pastor.

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  2. Pero como dice el nombre: tranquilos, o sea, sin sorpresas.
    Besos.

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  3. La sorpresa sería, oh querido y sereno Poeta, que la idea y el deseo se hicieran realidad.

    Un abrazo virtual.

    Ana Pastor.

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