miércoles, 29 de agosto de 2012

Aurora Bautista y la España en blanco y negro



          Ir de lo particular a lo general es lo que intento hacer hoy en este “copo” nuestro de cada día; digo lo anterior porque me encuentro investigando sucesos malagueños de las décadas del siglo pasado correspondientes a los años sesenta y setenta, y me hubiese sentido más reconfortado titulándolo “Aurora Bautista y la Málaga en blanco y negro”, pero es que la actriz fallecida ayer supera a esta ciudad que todo lo acoge y todo lo silencia, y se instala en el escenario del franquismo en su más “pura” esencia.

            Iba ella para actriz de teatro, cuando se interpuso en el camino el director de cine Juan Orduña y la condujo al celuloide en el que cuando aparecía Franco en el Nodo el personal, chiquillería y adultos, se ponían en pie para aplaudir y, alguna que otra vez, resonaban el ¡Arriba España! y el ¡Viva Franco!

            Tiempos de posguerra de una dureza tremenda en la que se exaltaban “El día de la fe (Discurso de José Antonio Primo de Rivera) o, pongamos por caso, “El día del estudiante caído” (Asesinato de Matías Montero), y se alzaba la mano derecha como saludo cotidiano.

            Lógico era que Aurora Bautista, más actriz de teatro que de cine, fuese sustraída por el Movimiento Nacional para enaltecer el “patriotismo” de aquella época y convertirla en un símbolo de las escuadras y centurias azul mahón, de los próceres de la “Academia de Altos Mandos de José Antonio” y de todos aquellos que vestían limpia chaqueta blanca, botas negras, mantecado y pistola al cinto.

           Y así filmó dos películas que se convirtieron en iconos de la España del “Cara al sol”, de “Montañas nevadas” y “Yo tenía un camarada”, me refiero a “Locura de amor” y Agustina de Aragón”, en especial la primera que seguro que el PP nos la encasqueta por la 1 de TVE.

            Ella, como tantos y tantas, fue víctima de la propaganda franquista, lo que no quiere decir que fuese mala actriz; inenarrable cuando manda silencio a todos los presentes ante la muerte de Felipe el Hermoso (Fernando Rey) y va susurrando: “está dormido, silencio”

            Descanse en paz la que un día llegó a emocionarnos.

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