martes, 3 de julio de 2012

Ya todo está en calma




            “… ya todo está en calma, el músculo duerme, la ambición descansa…”, es una parte de la letra de un maravilloso tango del siempre inolvidable, por presente y tristón, Carlos Gardel.

            Hoy, tras la apoteosis de la goleada a los comandados por Pirlo, podemos también entonar este maravilloso tango porque el músculo duerme, aunque debemos recordar que la ambición sigue trabajando al por mayor.

            La euforia, bendita ella, que, por unos momentos nos ha hecho olvidar que la canina, al igual que en el tango se cierne sobre los campos de Francia, está al acecho de usted, de mí y de nuestros hijos e hijas por estos páramos de España ha pasado.

            Hoy nos llegan dos noticias contradictorias. Por un lado nos aseguran, no me fío ni de mí, que cerca de cien mil españoles se han acercado a ganar el pan con el sudor de sus frentes, bien de camareros o espeteros, y, por otro lado, esto sí me lo creo a pies juntillas, buena parte de los españoles están echando mano a la calderilla de sus ahorros porque la miseria del jornal no da para los treinta días del mes, pues a veces, para desgracia nuestra, tiene uno más.

            La ambición, pues, sigue trabajando a mansalva; y así el aburrido Mariano Rajoy nos avisa, y eso es de agradecer, que va a pisar el acelerador del afilador de tijeras durante este verano que es, si la gente tiene parné para pasar quince días en una playa con la nevera a cuestas, el tiempo tonto para que, mientras el bronceado embellezca la epidermis de las bellas, porque el resto no tiene nada que hacer, él, con malas artes, nos queme hasta las entrañas sin compasión por su parte, y con la aquiescente sumisión de la muchachada del PP que todo lo ve lógico.

            A este “copo”, como a tantos otros, le falta la imagen y la música que un servidor le encasqueta en Facebook, por lo que les invito a leerlo, además de aquí, en el face, por aquello de que allí escucharán la maravillosa voz del señor Gardel, dios del tango que un servidor, cuando era persona, bailaba con cabriolas incluidas.

            No olviden que “el músculo duerme”, pero que la maldita ambición sigue haciendo de las suyas.

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