lunes, 23 de julio de 2012

Y amaneció Adriana


         
         Recibí una invitación de un buen amigo para asistir al acto de inauguración de una peña flamenca en este lugar “donde el viento silba nácar”. Y fui; siempre voy donde soy invitado. Lo malo era el calor y la hora.

            El abanico, pequeño pero espeso, es mi aliado para este julio que nos aplasta con su picante sol. La hora, once de la mañana, no era la más apropiada para el cante, que no hubo; y una cerveza, que tampoco. La camisa de mangas largas, aunque coquetona y nada discreta, un verdadero suplicio, pero cuando uno se pone a aguantar se convierte en un espartano como tantos indignados.

            Pues eso, que estaba entre flamencos, palmeros e invitados de todas las leches, cuando he aquí que, descendiendo de la escalerilla: amaneció ella.

            La tez aceitunada, rostro de diosa griega con ribetes de señorío misterioso que no puede describirse, talle largo, sonrisa imposible de mejorar y milagro de musa para poetas que deseen describir lo divino en cuerpos de humanidad inmejorable.

            Tal como bajó el último pedestal que le acercaba a la tierra, se acercó a mí, y con una sonrisa sinuosa de quien se sabe diosa, susurró: “-¿te acuerdas de mí?”. Cómo es posible, pensé, que no tuviese incrustado para siempre, en el disco duro de mi recuerdo, semejante visión.

            “- Si me das una pista, le comenté, seguro que sí”. Me observó sorprendida y me ruboricé toda la edad que soporto; escuché algo, y cuando iba a seguir dando pista le dije: “-eres Adriana”

            La soleá caminó hacia sus tres octosílabos; el martinete soltó un gemido mirando hacia Ayamonte; la seguidilla meció la cuna de la manifestación sagrada; el fandango de Alosno cambió su tono de angustia y se convirtió en pura alegría; y un rubor rosa suave regó mis arrugas.

            Un roce de calma y amistad, mejillas al canto, conjugó, con el juego de la nostalgia la maravilla del encuentro.

Fui poeta por un instante y volví la vista atrás: estaba allí: sentada en su pasado. Nos habíamos conocido una noche loca en Isla.

3 comentarios:

  1. Amaneció bonito!!

    Gracias por el nuevo capítulo, esto va muy bien.
    Besos.

    Ana Pastor.

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  2. Tal vez, ya que lo dices, la incorporaremos como capítulo; aunque no era esa mi intención. Pero puede tener sitio la tal Adriana.
    Besos

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  3. Creo que la belleza de Adriana y de tus letras, merecen un capítulo.
    Yo creí que lo era.

    Más besos.

    Ana Pastor.

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