martes, 10 de julio de 2012

Los personajes: Ignacio...



            Ignacio acostumbraba todas las tardes, entre las cinco y seis de la tarde, a bajar al Gran Vía, cafetería próxima a su casa, a tomar tranquilamente un largo de café, fumarse un malboro light mientras leía la maldita prensa y saborear, a continuación, un dulce ron pampero.

            No tenía ninguna prisa en esa operación diaria a la que otorgaba un cierto aire de liturgia y solemnidad. A su septuagenaria edad pasaba un buen rato con algún que otro parroquiano charlando sobre la famosa prima de riesgo y los últimos fichajes de los equipos de fútbol.

            Aquella tarde había hecho acto de presencia en Málaga el famoso y temible terral, un aire caliente a que los malagueños denominan “las calores”, y que no invita a jubilados y parados a salir de casa y, menos aún, a sentarse en un velador de la terraza bajo un toldo, pues el calor es insoportable; pero Ignacio era esclavo de sus costumbres y, al igual que todos los días, estaba sentado en su sitio de siempre.

            Desde la acera de enfrente, se aproximó un hombre de edad parecida a la suya y le estrechó la mano con cierta fuerza al tiempo que le preguntaba:

          -Ignacio, qué alegría verte. Hace tanto tiempo que no sé de ti. ¿Cómo estás, qué haces?

        Esas son las dos preguntas que, por regla general, se hacen dos personas cuando llevan un determinado tiempo sin verse. Ignacio no tenía pajolera idea de quién podía ser el exaltado señor que, venciendo a la canícula y con una grata sonrisa, se preocupaba por su estado de salud y su total aburrimiento.

            A la primera de las cuestiones, casi siempre se contesta: -“tirando” o algo parecido. Ignacio, cuando se quería quitar de encima a un tipo pesado, tenía una fórmula ensayada en multitud de ocasiones y que le daba resultado. Miraba directamente a los ojos del preguntón y contestaba: - “mal, muy mal”. Al escuchar la respuesta, el curioso se daba media vuelta, y al tiempo de irse por donde había venido, contestaba: - “bien, bien… bueno, me voy que tengo prisas”. Y es que el personal no está para soportar más problemas que los que ya posee.

            Pero éste no era el caso, porque por más que le daba vueltas a la cabeza no llegaba a reconocerlo. Le invitó a sentarse y contestó con el consabido:

          -“Tirando, tirando”

La respuesta vino sola con el manoseado: -“pues tienes muy buen aspecto”, para a continuación inquirir sobre: -“qué haces”

          -“Esperar, no sé a quién ni qué, pero estoy esperando”

Nota a mis amigos y amigas de Facebook: La contestación de Ignacio, primer personaje de nuestra novela, dará, de ahora en adelante, para ir mostrando su estado de ánimo. Os invito a que saquéis de la chistera de la creación cualquier nuevo personaje y algún texto sobre él o ella. Llegado el momento, veremos la forma de que todos vayan convergiendo. Debe ser un juego muy bonito por lo novedoso.




3 comentarios:

  1. Paquiyo, el camarero que siempre anda "con la oreja puesta", contesta con ese gracejo del acento sevillano: Pos no vaya usté tirando muxo, Maestro, que hay muxa crisi, ay! si yo le contara.....
    Momento en el que se le puede dar pie a Paquiyo para que cuente una historia, y aprovechar después para describir al personaje, además de poder contar toda la historia de su pueblo, que bien podría ser Dos Hermanas, " é un poné".

    Madre del Amor Hermoso!! Qué bien me lo pienso pasar con tu novela.

    Dos besos.

    Ana Pastor.

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  2. Pues sí,el Paquiyo puede convertirse en un personaje indiscreto, lo sabe todo de todos en esta novela que pretende ser coral. No te puedes imaginar, ni por asomo, la fuerza que me das con tus mensajes; pero eso sí, no te sientas obligada a ello. Te lo he dicho en muchas ocasiones: disfruta de estos días. Besos.

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  3. A mi no me hagas caso, la novela es tuya al igual que los personajes, pero es verdad que algunos camareros se enteran de todo, conocen a todos y se meten en todo, o sea, que se merecen la propina.
    Y de obligada, nada, lo mio es devoción,y más alto te lo puedo decir si me subo en una silla, pero más claro, imposible.
    Y estoy disfrutando, no lo dudes.
    Dos besos.

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