lunes, 30 de julio de 2012

Los muertos vivientes


           
          Hoy, tras comprar nolotil, he caminado por la bajamar más de seis kilómetros en busca del encuentro con el asombro; y camina que camina entre verdes algas, con sombrero incorporado y pantalón corto, he llegado hasta Nueva Umbría, lugar donde el salpique de los bucles de la mar que intentaban introducirse en el Atlántico ofrecían unos rizos de espumas que, solamente los avispados, son capaces de captar. La vuelta hacia poniente, donde el sol se introduce, en su bajada de ocaso, entre pinos y se mezcla con ellos, ha producido una pequeña manifestación sagrada de la madre naturaleza.

El nolotil lo adquirí, lógicamente, en el más próspero de los negocios de La Antilla (Lepe): la farmacia; aunque tal vez sea solamente durante el verano. El personal que viene a este lugar “donde el viento silba nácar” hace dos colas: la más larga es para adquirir omeprazol y más fármacos, y la segunda para comprar cartuchitos de papas fritas en una freiduría de calle Castilla.

Pero la verdad sea dicha, no hay farmacia donde no tenga usted que esperar su ratillo. Somos numerosos lo que tomamos esas chucherías de comprimidos que nos ayudan a seguir protestando una y otra vez contra las bellacas intenciones de los mandamases de turno.

Hoy sabemos que el tiempo de espera ha podido ser menor y confiamos, tras la macabra noticia de ayer, que no tengamos que esperar  tanto cuando el mancebo o la manceba introduzcan la tarjeta de la in-seguridad social en el ordenador correspondiente.

La noticia, ya decía que macabra, consiste en que los familiares de más de ciento cincuenta mil fallecidos han seguido usando la dichosa tarjeta no se sabe durante cuanto tiempo.

Ni pago ni copago ni la madre que nos parió; en cuanto podemos metemos la bacalada al más pintado. Estos defraudadores que han jugado con la muerte y con los atontados que nos gobiernan son seres sin escrúpulos que, gracias a nuestros ahorros, han seguido sacando medicamentos de los abueletes que la han cascado, tal vez, lo ignoro, para venderlos a bajo precio al mejor postor.

No tenemos arreglo.

3 comentarios:

  1. Me acabo de dar un paseo contigo de lo más agradable y educativo, incluido el ratito de espera en la farmacia con pantalones cortos y sombrero. Cuidado con los pantalones cortos que hay mosquitas tigre!!

    Lo de las tarjetas no puedo entender cómo lo hicieron.

    Besos.

    Ana Pastor.

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  2. Lo de las mosquitas, tigres o no, son siempre peligrosas. En casa, si hay una una viene a por mí. ¿Por qué sera?.

    Hasta mañana.

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  3. Porque saben que no les harás daño después de que te piquen, y eso lo huelen, o que tu atractivo es tan irresistible que te tienen que picar aunque no quieran,elige.
    Yo me quedaría con la segunda opción.

    Besos.

    Ana Pastor.

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