viernes, 20 de julio de 2012

Listas negras


        Como uno no se encuentra en la “ciudad que todo lo acoge y todo lo silencia, la enigmática Málaga, sino en “el lugar donde el viento silba nácar”, la luciérnaga llamada La Antilla, no tiene la información suficiente para saber si lo que se publica en la prensa impresa y digital es cierto o falso. Es lo malo, también lo bueno, que tiene llenar la maleta de prendas de vestir, introducir tres libros y los problemas personales, y dejar cerca de cuatrocientos kilómetros de distancia entre el Gran Vía y el Club Vera de Mar, lugares de residencia esté allí o aquí.

            Por allí, en Málaga, el chisme es facilísimo de conseguir; todo consiste en dar con un infiltrado y/o un cabreado con la autoridad competente para ponerse al día de lo que es verdad o es mentira. Cuando Franco, que Dios tenga donde le plazca, nada más existía una autoridad, pero ahora cuando la democracia ha acampado entre nosotros tenemos autoridades de todos colores por las distintas Administraciones, a saber, los del PP en Ayuntamiento y Diputación, y PSOE e IU en la Junta de Andalucía, hay, pues, donde elegir a los espías para ponerse al corriente.

            Se dice, tal vez sea cierto, que el PSOE ha elaborado un censo, valga la expresión, en los que están inscritos funcionarios y empleados públicos afines al capullo. Los del PP han puesto el grito en el cielo, lugar que ellos creen que existe, porque creen que los inscritos van a ser beneficiados con prebendas y cosas por el estilo.

            De siempre, en política han existido las llamadas listas negras. Ni agua, como te inclines con la plumilla por una u otra opción; ni pan que llevarte a la boca, si las cuatrocientas palabras las coloca en determinada balanza.

            Presumir de formar parte de un listado de presuntos forajidos es una gilipollez como la copa de un pino, pero, miren ustedes, un servidor se alegra tela marinera de formar parte de las listas negras de los dos paquidermos políticos que nos machacan a diario.

            Como hay tiempo, les iré demostrando durante este verano de 2012 que lo que digo es tan cierto como la vida misma. Oh la vida, este tránsito donde la verdad es fruta apetecida de unos pocos afortunados.

3 comentarios:

  1. Como no entiendo nada de política, me abstengo de comentarios y diré como decía mi abuela: "Que Dios me conserve el conocimiento", mientras se agarraba a la botella de vino.

    Salud!!

    Ana Pastor.

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  2. Siempre que el vino fuese bueno, tu abuela era una intelectual como un pino.
    Chin chin.

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  3. Mi abuela leía a Rebelais, y sí, el vino era bueno, pero lo que más le gustaba era la sangría fresquita con melocotón.

    Kampai!!

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