jueves, 26 de julio de 2012

La Normal de Melilla



         En la mitad del siglo XX, en Melilla solamente se podía estudiar Magisterio o Comercio. Por ser Plaza Fuerte los militares eran numerosos, y muchos de sus hijos accedían a realizar sus estudios en la Academia Militar de Zaragoza; por cierto que las mozas se pirraban por los cadetes. Para una minoría selecta existía la posibilidad de realizar estudios universitarios, pero para ello era imprescindible tener los recursos económicos necesarios para enviar a los jóvenes a la Península, lo que suponía un gasto que no todas las familias podían sufragar.

            El hermano mayor de Ignacio, Fernando, marchó a Madrid para estudiar Ayudante de Obras Públicas, carrera conocida hoy como Ingeniero Técnico de O.P., y como Fernando “el de la Imprenta” no gozaba de una economía boyante, Ignacio ingresó en la Escuela de Magisterio, conocida en Melilla como la Normal.

            Los compañeros de clase de Ignacio eran Zarallo, Cantos, Cortés, Quique, Ros, Adell y Ahuir Payáns; ocho alumnos, pues, formaron aquella corta promoción de maestros. Rancho aparte eran las niñas que, en aulas separadas, eran multitud. Una chica llamada Carmina Díaz Pereira, más tarde esposa del famoso teniente coronel Antonio Tejero, fue compañera de Ignacio, aunque ella estudiaba 3º de Magisterio cuando él ingresó en la Normal.

            Durante los tres años que permaneció en la Normal, Ignacio disfrutó de gran libertad en comparación con la férrea disciplina del Colegio de la Salle; estudiando Magisterio sus relaciones con Virginia se formalizaron y consolidaron.

            En cierta ocasión, una tal doña María Jesús, que era la encargada de velar para que los niños no se juntasen con las niñas, pilló a Ignacio y Virginia dándose besos y abrazos a moco tendido y los denunció al Director, señor Coronas, que los llamó a capítulo y la cosa quedó en un simple apercibimiento verbal.

            Sabedores ellos del reuma que padecía la María Jesús de los demonios, se encaramaban en lo alto de una cuesta y, rodeados de cipreses, seguían dale que dale a los amoríos.

            Los estudios de Magisterio fueron para Ignacio un coser y cantar, menos la asignatura de Música que se la tomó a pitorreo. Primero porque sus oídos nunca fueron buenos, segundo porque lo del solfeo le parecía una tontería con tanto do, re, mi, sol, etc., y, por último, porque cantar “el carbonerito” le parecía una solemne estupidez; todo ello le valió el primer y único suspenso en sus estudios, por lo que tuvo que dar clases de solfeo durante un verano para obtener el título de Maestro Nacional firmado por S.E. El Jefe del Estado, igual que Alfonso Guerra y tanto demócrata suelto en lo arrabales de 1975.  

7 comentarios:

  1. Creo que la primera carrera de Alfonso Guerra, fue la de Ingeniería Tecnica Industrial, con la que dió clases de dibujo. Después hizo la de Filosofía y Letras. Y cuando las Juventudes Socialistas hacían un día de huelga y cerraban los Institutos, yo era de las niñas que se pasaban desde el Instituto de Murillo al Parque de María Luisa a seguir leyendo a Cervantes, tranquilamente.
    Un día se lo conté a Alfonso, hoy te lo cuento a ti como anécdota, por lo curioso que resulta la cantidad de gente que se cruza en nuestros caminos y que no llegamos a ver, y la cantidad de Historia compartida con esa gente.

    Disfruta de tu hija y tus nietas!!
    Cuéntales muchas cosas.
    Besos.

    Ana Pastor.

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  2. Perdona, se me olvidó una pregunta:¿Cómo era de apasionado Ignacio?.
    Es para ambientar la escena de los cipreses.
    Gracias!!
    Más besos.

    Ana Pastor.

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  3. Era apasionado, sin más; normalete con la novia formal. Más allá de ello, se las traía.
    Tú eres de Granada y cómo es que estudiabas en Sevilla en el Murillo. ¿Y conocías al Canijo?... esto me huele a novela.
    Besos.

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  4. Ya me imaginaba algo así, wuau, apasionado y romántico!! Gracias, corazón, ahora lo vestiré con un patalón vaquero y una camisa de cuadros.

    Pues sí, naci en Granada, pero a los seis años me trasladé con mis padres y mis hermanos a Sevilla; cuando llegué ya sabía leer y pasé rápido por la escuela, hice ingreso a los nueve años en el cole Sto. Domingo Sabio(creo que este sabio se escribe con v ),y a los diez entraba en el Instituto de Murillo. El uniforme estilo pichi de color gris a cuadros y falda tableada, camisa blanca y corbata azul que yo siempre llevaba torcida, ahí empecé a ser diferente; los zapatos marrones y los calcetines altos, hasta que se te rompía la goma.
    Me quedé sin madre a los trece y se acabaron los estudios, de momento, porque me tuve que hacer cargo de la familia. A los quince me quedé sin padre y los abuelos decidieron traernos a Cataluña con sus hermanos que tenían una pastelería, y a los dieciocho ya era pastelera, ¿cómo lo ves?, la niña más dulce en ochenta kilómetros a la redonda porque no había más pastelerías en el entorno.
    Una de las veces que volví a Sevilla fue en el otoño del setenta, y quise conocer a Guerra en su librería, lo encontré de casualidad y le dije lo del Instituto, decisión no me falta, y me gustó su sonrisa. Años más tarde vino a Cataluña y fuí a escucharlo y pude saludarlo también. Y por último, en el dos mil cinco, lo encontré cuando yo salía del hotel Alfonso XIII y él venía con su chaqueta al hombro y la prensa bajo el brazo, y del brazo me colgué y le pedí una foto que conservo con cariño.
    Me preguntó si vivía en Sevilla y le dije que ya no, que venía de Tarragona, pero que había vivido y estudiado allí, entonces me dijo: "En el Intituto de Murillo", a lo que le contesté: "¿Lo notó por los pendientes?, y volví a ver su sonrisa. Un par de besos y ciao hasta la próxima.Sólo de eso conozco a Guerra,el guardaespaldas estaba vigilante y no me atreví a proponerle nada, pero me hubiese gustado seguir charlando con él en la terraza del hotel durante un buen rato, por lo menos.

    Ahora sí que casi casi es una novela, pero no un cuento.

    Dos besos.

    Ana Pastor.

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  5. Novela la que podríais escribir a dos voces, con todo lo que teneis que contar... Uff!

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  6. ...".. Mientras que mis ducas tiraban del copo, me echaba a cantar ..." Dccía Juanito Valderrama. Yo , en silencio, me acerqué a tu copo, entre intrigado y expectante, extendí sobre la arena la jábega... y quedó ante mis ojos un brillante espectáculo de rutilantes peces, aún coleantes, en forma de recuerdos vívidos de otros años felices, de nuestra juventud, pasados en aquella Escuela Normal de Magisterio de Melilla.
    Yo provenía del Instituto de Enseñanza Media Hispano-Marroquí. Mole neoclásica de hormigón y ladrillo, con un inhóspito patio de cemento, donde "recrearnos", en el que ni un solo árbol brindaba cobijo ante el inclemente sol africano. Mi llegada a la Normal, con sus pabellones aislados y emplazados en una ladera en la que, aunque sin ningún mimo jardineril, habían respetado el bosquete de pinos ("carrascos"), testigo de los amoríos de Ignacio, y diversos árboles y arbustos espontáneos, por donde se podía pasear y tomar el bocadillo (hoy"bocata") entre clase y clase... fue un cambio tan radical que creí aterrizar en otro planeta. Creo que a todos nos ocurrió lo mismo.
    Aunque yo fui de la promoción siguiente a Ignacio, convivíamos ambos cursos en armonía y compartimos muchas bromas y aventuras. Recuerdo especialmente al bonachón de Quique, al sin par Ros Larrubia, al biendotado Arturillo,al cantamisano Adell, al chispeante Cortés, etc...Ah! y a Ahuir Mayáns que, por ser clarinetista profesional, era mi tabla de salvación en cuantas dudas musicales me asaltaban. Buena gente todos.Geniales.
    Yo estaba entre los Vázquez, Alba, Maroto, Abdel-lah, Santi(el pastelero), Diego P., M.L. Muñoz,etc ...Excelentes compañeros de los que guardo gratísimo recuerdo.
    Es cierta la hilarante anécdota que cuenta José G.P. de Ignacio y su novia Carmina (¿o Virginia?)con la rígida "Jesusa". Todo acabó en simple amonestación por el buenazo del Dire. D. Domingo, y no hubo tarjeta roja. La posterior unión de ésta con Tejero la ignoraba. Pues mira por donde, fui compañero y amigo de Rafael Tejero Molina, en el bachillerato y también conocí a su hermano menor Antonio, al que pasados unos años vi de teniente en el Aaiún.
    Conocí fugazmente al hermano de Ignacio, Fernando. Y quiero creer que a una hermana también, linda pero sin nombre en mi memoria. Ignacio era una gran tipo. Desconcertante muchas veces, por su ambivalencia entre "cachondo" y formalmente radical, con ribetes de "malas pulgas". Muy inteligente, que se puede ser sin estar dotado para la música (tal como cita José), y del que ,seguro estoy, los años habrán convertido en alguien importante. Desde que la mayoría saltamos a la península en busca de nuestros respectivos destinos, ya no he vuelto a saber nada de él.
    En fín, agradezco mucho eso "copo" tuyo, que me ha hecho revivir gratas imágenes y lejanas y gratificantes emociones.

    PEDRO ESTOPIÑÁN DE RUSADIR.

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  7. Julián Rodríguez24 de junio de 2015, 21:14

    Estudié en la Escuela Normal de Melilla.
    No sería malo que aquellos que estuvimos allí, los que quedemos, nos reuniésemos alguna vez para recordar los tiempos que pasados.Aquel D. Fernando Rivero Garrayo y otros más. Lanzo la idea a ver si prospera.Pepe, Diego, Juan Morales, los Yebra....y tantos cuyo bautizo fue ver sus pantalones colgados de un árbol.Hemos perdido la pista de tantos....En mi curso éramos 4 y dos eran hermanos.

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