lunes, 9 de julio de 2012

El título de la novela



         Si debe ser difícil crear una novela, no es cuestión baladí ponerle el título adecuado para que, en un primer momento, entre por los ojos del posible lector o lectora.

            Ya ven que cuando Leo Lederman (Premio Nobel de Física, 1988) presentó su libraco a la Editorial bajo el nombre de La partícula maldita, a los señores del marketing no les pareció nada bien e intentaron convencer al autor que tendría muchísimo más tirón con el título La partícula de Dios, y así fue y así sigue siendo.

            En realidad, para qué vamos a engañarnos entre nosotros, no tengo la menor idea sobre qué voy a escribir, y si esto es un hándicap difícil de superar, más lo debe ser enmarcar toda la palabrería que vaya vertiendo en esta nueva carpeta que he abierto bajo un enclenque paraguas que venga a significar algo de interés para los buscadores de originalidades.

            Hace años le metí mano a mi vivencia durante el secuestro al Congreso de los Diputados por parte del teniente coronel Tejero. Al librito resultante lo titulé 18 horas con Tejero, tiempo real que duró la intentona de golpe de Estado; y me dio por construir 18 capítulos en los que describí, medio en broma y medio en serio, una serie de vivencias personales acaecidas que, creía, podían resultar de interés para el osado u osada que se acercase al pequeño volumen por curiosidad.

            El librillo en cuestión se lee de un tirón, pues no más de una hora se tarda en ello. Un buen amigo, Antonio Hernández, gran novelista y mejor poeta, lo leyó y le gustó, tanto es así que le dedicó una columna en un periódico de tirada nacional. Sé que es entretenido, pero que no incorpora nada nuevo, excepto la entrada y salida del hemiciclo de cierto secuaz de Blas Piñar, cuantas veces le vino en ganas.

            Animado por las lisonjas de mi amigo Antonio, envié aquellas 18 horas con Tejero a un crítico de fama nacional. Contestó diciendo que era una pena que no hubiese novelado aquel parto para hacer de él una pura ficción narrativa; llevaba razón el buen hombre.

            Pienso que este troncho puede llamarse de variadas formas, sirvan de ejemplo: “A la espera”, “Lo que no pude ser”, “Vivir y existir”… o bien, por ahora, lo dejamos sin bautizar a la espera de que ustedes, amigos de Facebook, vayan pensando en el título adecuado.

            Y es que esta novela, a poco que sean ustedes responsables, la vamos a escribir entre todos. A ello les invito.

www.josegarciaperez.es
www.papel-literario.com 

              

4 comentarios:

  1. "De febrero, veintitrés,
    tarde de negros penachos....."

    Son palabras de un poema tuyo, que me recuerda tu libro "18 horas con Tejero"; libro que me encantó leer, por el recuerdo y por la ironía con la que está redactado. Te puedo asegurar que me hiciste reir, aún dentro de la gravedad del tema. Gracias!!
    Y como la gracia sigue en ti, seguro que aflora en tu nueva novela, sin importar el título, da igual si no lo tiene ahora, aparecerá solo a lo largo de la historia, te sobra ingenio, Poeta.

    Ana Pastor.

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  2. Gracias por seguir desde la distancia y la cercanía este Copo nuestro de cada día. También cuento contigo, con tus ideas y tu ingenio para llevar a cabo esta nueva aventura literaria, pero de verdad nueva. Si sale, claro. Besos.

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  3. Querido amigo José, no tengo Facebook, pero intentaré aportar mi granito de arena...
    ¡Qué buen rato con tus 18 horas!
    un abrazo fuerte,
    Antonio

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