jueves, 5 de julio de 2012

El sí y el no de Elías Bendodo




        Elías Bendodo es Presidente bis, a saber, del Partito Popular de Málaga y de la Diputación Provincial, y por ser miembro de dicha entidad supramunicipal es también concejal o, si lo desean ustedes, por ser concejal es diputado provincial.

            Nada más que he hablado una vez con Bendodo o él conmigo, y fue cuando en plena batalla de la Plataforma Pro-Ancha del Carmen contra la ineptitud del entonces Delegado Municipal de Cultura Miguel Briones, que, de un plumazo se había cepillado la colección de poesía que llevaba el nombre de la perchelera calle Ancha del Carmen, un servidor se dedicaba a realizar críticas ante tamaña insensatez.

            Lo que vino a decirme Elías, con una tranquilidad pasmosa, en una de las puertas de El Corte Inglés es que el único que podía arreglar el “asesinato” cultural era el tal Briones, por lo que debía hablar con él. Aquella salivilla que me soltó en la oreja era pura mentira, pues un servidor, pesado hasta lo inverosímil, conseguí con el apoyo de IU y PSOE que el desgarro se debatiera en la Comisión de Cultura que, en aquellos tiempos en que el PP daba tijeretazos a los versos, Elías presidía. Yo era el público, porque a “la ciudad, Málaga, que todo lo acoge y todo lo silencia” el tema le importaba un bledo. Y fui testigo que al tiempo que Bendodo se tragaba unos suculentos churros, votaba No a la poesía. Y lo mismo ocurrió en el debate en Pleno, eso sí, sin tejeringos por medio.

            Quiero decir que Elías Bendodo tiene una cachazas propias de político profesional y que, por escribir de estos rizos poéticos, me convertí en el enemigo público nº 1 del PP malagueño.

            En estos días PSOE e IU han debatido una moción en Ayuntamiento y Diputación solicitando que el PP retire ante el Tribunal Constitucional el recurso que, sobre el matrimonio homosexual, tiene presentado.

            Pues bien, Elías ha votado como concejal, a favor de la moción, y en la Diputación lo ha hecho en contra. Sí y no, o no y sí, y seguro que, a escondidas, se ha zampado una docena de calentitos. Y todo el mundo se queda igual, que es como me debería quedar yo; pero, ay, no puedo porque yo soy como soy, y así me va.

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