sábado, 14 de julio de 2012

El mes de María



         Los alumnos del Colegio Nuestra Señora del Carmen, regentado por los Hermanos de la Salle, subían todas las tardes, durante el mes llamado de María, a la Capilla para rezar un rosario, cantar una Salve y escuchar una historia relatada por uno de los religiosos.

            Los chavales de la posguerra, y en esta caso educados en el más estricto nacional-catolicismo, esa conjunción de fanatismo de Religión y Patria, sin Rey por medio, pero sí con un Generalísimo de España por la gracia de Dios… y las fuerzas de las armas, ocupaban todo el recinto sagrado agrupados en aulas y al frente de cada grupo, pero colocado detrás, el Hermano de la clase vigilaba los movimientos de los niños.

            El primero de los misterios del rosario se rezaba de rodillas, y los cuatro restantes sentados. Tras la Salve, que era dirigida por el Hermano Saturnino, los alumnos se preparaban para escuchar la historia diaria.

            Allí no se movía ni una mosca. Las palabras que componían la historia, enfatizadas al máximo, eran leídas por uno de los religiosos desde el altar de la capilla.

            Más o menos siempre ocurría lo mismo: un niño que faltaba a misa un domingo o que había pecado contra sí mismo, moría sin remisión la misma noche que había cometido el pecado mortal y su alma iba a los infiernos donde se quemaba, sin consumirse, hasta la eternidad.

            Existían alumnos que no prestaban atención alguna a lo que se narraba diariamente, otros les importaban poca cosa lo que le entraba por un oído y le salía por el otro; pero los había que se creían todo lo que allí se contaba. Ignacio era uno de ellos.

            El pobre chaval temía que llegase el mes de María y sus malditas flores, convertidas en auténticos cardos que le impedían dormir noche tras noche, pues siempre pensaba que se iba a morir y, por lo tanto, acabaría en el fuego eterno.

            Además, hasta que estudió cuarto de bachillerato nunca supo lo que era pecar contra sí mismo. Tal pecado lo descubrió precisamente en un servicio del mismo Colegio Nuestra Señora del Carmen y, aunque con cierto miedo a ir al infierno, siguió haciéndolo a menudo.

Claro es que se confesaba.



             

3 comentarios:

  1. Ay el mes de María, las flores, el rosario de rodillas y los curas!!
    Se me acumulan los recuerdos con tu Copo de hoy.
    Con flores a María iba yo cuando tropecé con un cura que se enfadó y me dió con su biblia en la cabeza; golpe que recogió mi rodilla, de gacela en aquella época, en un acto reflejo, y se disparó en patada(mea culpa)hacia la espinilla del mosén. Madre del Amor Hermoso!!, la de días que tuve que estar castigada en el patio de rodillas, y para mofa y escarnio, con dos libros en cada mano y los brazos en cruz.

    Gracias por los recuerdos de "Ignacio", pero...
    ¡qué noche la de aquellos tiempos!

    Dos besos.

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  2. Bueno, me alegro que haya obtenido un recuerdo tuyo, ya superado, porque moratón no creo que quedara. Bueno verás, que la "cosa" lleva su camino.
    Mañana salgo hacia el lugar donde el viento silba nácar. Me está esperando mi adorado ficus. En esa terraza, me aguarda la novela.
    Tal vez, antes de irme cualque en el blog el poema del domingo.
    Besos. Sé feliz, no lo olvides.

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  3. Pues mañana entraré a curiosear por si está el poema, para no perdérmelo.
    Tú, tampoco olvides lo de la felicidad,esa que dice una canción, la de sentir amor; aunque ya sé que al lado del ficus van a pasar cosas increibles, y que las musas van a estar contigo para soplarte cosas bonitas al oido que luego nos vas a contar.

    Dos besos.

    Ana Pastor.

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