domingo, 1 de julio de 2012

Canto para ser libre (IV)




En los principio de los tiempos blancos,
cuando las sombras aún no existían,
la Tierra copuló la huella del hombre.
Desde su vientre incandescente
conjugó el latente silencio de la nada
con la fuerza del verbo que nacía.

Un sordo gemido de amor
-el amor es siempre parto doloroso-
inundó sus entrañas con la vida
y del himen rasgado,
como cráter abierto desde siempre,
un derrame de espíritu violeta
esparció su fragancia.

Y se inició un latido.
Y del latido amaneció a la luz
el hombre y la mujer.



(De "Canto para ser libre IV", de J. García Pérez)


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