jueves, 7 de junio de 2012

Nacionalismos




        Esperanza Aguirre, provocadora, agitadora y Presidenta de la Comunidad de Madrid, andarina sobre alfombras y grande de la historia, no se presentó al Estadio Calderón para ver jugar la final de la Copa del Rey entre el Barça y el Atleltic. ¿Fue por miedo o por ser tan española que le escandalizaba que el himno nacional fuera silbado por numerosos vascos y catalanes?

            Incendiaria como nadie, supo poner su cuartilla de gasolina a la polémica final que se veía venir para que el incendio de los energúmenos alcanzara dimensiones nunca escuchadas. Debió hacer frente a su cante por soleá y estar allí para saber dar una media verónica a tiempo, o sea, mostrar la talla que debe tener una representante del pueblo.

            Un pezón, un bebé que mama de él y una nana de la madre son elementos que marcan para siempre a una persona, al menos a mí, donde mis oídos se llenaron de nanas marineras cantadas en el español azulado de tierras andaluzas.

            Otros niños, otras tierras, otras madres y otras nanas: escucharon, cantaron, bebieron y vivieron sus nanas en otros idiomas, léase, por ejemplo, catalán. Y son catalanes de pura cepa: la cepa es el lugar, la madre y la gramática catalana.

            Ya sé que forman parte de España, como en su día fueron súbditos del Reino de Aragón, y algunos de ellos y ellas llegaron a hacer pinitos con Francia. La España plural es una realidad; sí, lo sé, bajo un mismo himno, igual bandera e idéntica monarquía. Es cierto que hay extremos y extremismos, a estos últimos se le conocen por nacionalismos excluyentes: una raza, un idioma y un pueblo diferente al resto.

            Pero los que lo crean que luchen, dentro de la ley y de las costumbres, por llegar a su ideal: el autogobierno y/o la independencia. Tengo un amigo catalán que me comenta que él, cuando habla castellano está traduciendo mentalmente del catalán al español. Cuando leo bárbaros comentarios, se me viene abajo toda mi fe en la tolerancia: pilar y basamento de la auténtica democracia.

            Cada día me confirmo en que no soy de unos u otros, del norte o del sur… simplemente del útero de mi madre.

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