jueves, 28 de junio de 2012

A la final, con queso de Cabrales




          Que el fútbol mueve masas no tiene lugar a dudas. Sé que existen seres a los que no les gusta esa batalla que entablan veintidós deportistas por introducir el balón entre los tres palos, y lo hay que critican que en estos tiempos de crisis, tal deporte haga olvidar la ruina que se cierne sobre millones de paisanos; lo sé, pero la rabiosa actualidad es la que manda, y hoy día esa actualidad pasa por la “roja”.

            Lógicamente contemplé algo nervioso el duelo ibérico; pero este deporte, como cualquier otro del que uno sea forofo, tiene tres formas de verse: en directo, cómodamente en casa o en el fragor de la barra de un bar acompañado de amigos y amigas.

            Opté por la última opción entre otras cosas porque gritar ¡goool! en soledad acompañada no deja de ser una locura, y quedarse impávido es no vivir una cierta exaltación momentánea.

            Ya el día anterior, Antonio el del Gran Vía me había comentado que nos iba a invitar a un buen queso de Cabrales que, como él fútbol, gusta o no, o sea, que no existen puntos intermedios; creo que lo hacía como premio a la fidelidad demostrada de su variopinta clientela.

            Pues yo, me dije, voy a buscar entre el desorden que existe en mi despachillo una bufanda de España. Y la encontré y fajado en ella, a pesar de “las calores” existentes, penetré, diez minutos antes de que el partido diese comienzo, en mi segunda residencia. Realmente no éramos más de una docena los que habíamos optado por el Cabrales y echar un rato de jolgorio, pasase lo que pasase.

            Nada más atravesar el dintel, uno de los presentes me tatuó brazos y cabeza con colores de la bandera española, al tiempo que el resto de los parroquianos cantaba aquello de “soy español, español, español”, y un servidor hacía cabriolas al aire con la bufanda.

            Sé que a mi edad, y me lo dicen los siempre puritanos, estas cosas no me pegan, pero yo lo pasé como un  cosaco, sin saber cómo se lo pasan dichos señores. Cayó el queso y un chorizo sin compasión alguna, y con ellos una rociada de variadas bebidas hasta llegar a la adoración del dios Baco.

            Ganó España, ganamos todos los presentes y pasamos un rato agradable y bullanguero. Y, a nuestra manera, nos sentimos españoles.

            Mañana hablaremos del “desGobierno”, o sea, lo pasaremos fatal.

3 comentarios:

  1. A mí me encanta el queso de Cabrales y ver cómo
    la ilusión y la alegría llenan a la gente.
    Un abrazo

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  2. Saludos a la gente del Gran vía...

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