lunes, 18 de junio de 2012

JESUSITO




Lo único que podía hacernos olvidar a la jodida “prima” de Rajoy era que la “roja” siguiera dándole a la pelota durante unos días más. Ya ven que Julio Anguita ha proclamado el “ven y sígueme” para hacer la revolución y liarla del todo con la presunta proclamación de la III República que, no sé, si será bueno en un hipotético futuro, pero que ahora creo que no toca no sea que la ya famosa “prima” nos lleve a la ruina total.

            De momento de esa ruina y del aburrimiento nos ha salvado Jesusito Navas cuando en el minuto ochenta y ocho se ha metido con el balón, juntitos los dos, hasta el fondo de la portería.

            Con el fútbol, al igual que con la vida de cada quisque, ocurre que cuando nos conocen a fondo estamos más perdidos que Mariano  en una reunión del G-20 hablando en inglés. Y es que a nuestro juego de “jugones” y “tiquitaca” le han tomado el pulso y se pone cada vez más difícil entrar por el centro, al igual que en política, para hacer goles.

            El único centro político que ha existido, con ribetes de izquierda (Fernández Ordóñez y los suyos) y derecha (Herrero de Miñón y los demás) fue Unión de Centro Democrático, pero duró lo que un tren en Campanillas. Así que, después de su despedida del ruedo político, llegaron derecha e izquierda, extremos natos, para poner las cosas en su sitio, que tampoco sé donde se encuentra.

            El fútbol estaba inventado desde hace muchísimos años: dominar la bola y jugar por los extremos. Nunca podremos olvidar a Gento, Gainza, Collar y tantos otros que corrían las bandas como balas, saetas o flechas. Los sevillistas nunca podremos olvidar a Biri Biri que, a la hora de darle al acelerador, corría más que el balón.

            Hoy hemos sufrido tela marinera. Y una y otra vez decíamos para nuestros adentros: hace falta un extremo nato ante Croacia. Y, por fin, salió Navas que, si bien no ha podido hacer lo que él sabe, o sea, bombear balones para que alguien los remate, si estuvo en el lugar oportuno para, a pase de Cesc, lograr que todos y todas tengamos alguna ilusión respecto a España.

            Y digo alguna, porque otras más importantes se están esfumando.

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