viernes, 22 de junio de 2012

Hasta el gorro



         José Chamizo, singular sacerdote católico y gaditano, es el “Defensor del Pueblo Andaluz” desde hace un porrón de años. Por ser gaditano posee la gracia innata de todo nacido en la provincia de “la Tacita de Plata” y por sacerdote, debe poseer otra gracia difícil de definir.

            He aquí que hace un par de días acudió al Hospital de las Cinco Llagas (Parlamento de Andalucía) para dar cuenta del informe anual de su cargo ante la Comisión de Gobierno Interior y de Peticiones, lugar, quiero creer, donde se depositan todas las lágrimas de este valle de parados, hipotecados y gentes que viven en precario.

            Escogió el momento oportuno para largar el mejor y más claro sermón que haya podido dar en su vida ante sus señorías andaluzas y el Presidente de la Cámara, Manuel Gracia, que lo es también de la citada Comisión.

            Extraigo y transcribo, sin añadir o quitar una sola coma, parte de la prédica que lanzó a izquierda y derecha: “La gente está muy cabreada con ustedes, no sé si lo saben. Está muy enfada porque los ve todo el día en la peleíta. La gente está hasta el gorro de todos ustedes. No sé si puedo decirlo con todo el cariño del mundo. Por favor, por favor. Un ejercicio de buena voluntad y avanzar para resolver los problemas del personal. Y nada más. Perdónenme el exabrupto, pero es que tenía ganas de decirlo. Nada más.”

            Acto seguido se fue como había entrado, pero soltando un rosario de perlas y unas letanías que pasarán a la intrahistoria del parlamentarismo andaluz. Sus señorías, inmaculados e inmaculadas ellos y ellas, montaron en cólera y solicitaron del Presidente del “Hospital” que restañara sus llagas, más de cinco, y enviara una nota pública al cura de marras en el que le recordase que también él era un político que vivía del erario público.

            Manuel Gracia, un político con vista de águila, contestó que de pública nada de nada, sino que trasladará el malestar de sus señorías a Chamizo.

            En esta ocasión un sacerdote, disfrazado de político, o al revés, me da igual, ha sabido transmitir a los barandas andaluces lo que piensa el pueblo. Enhorabuena.

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