miércoles, 20 de junio de 2012

Doctor Manuel Montes



           Hace un montón de años que conocí a Manolo Montes. Andaba un servidor por aquellos tiempos metido a tope en el Movimiento de Cursillos de Cristiandad, al que por cierto dediqué buena parte de mi vida y existencia, hecho del que no me arrepentiré jamás.

            Manolo sigue todavía, incansablemente, predicando el Evangelio con su peculiar forma y estilo y, lo más importante, haciendo de él una forma de vida. Formamos, creo yo, una buena pareja de laicos predicadores y fuimos por pueblos y ciudades anunciando la Buena Nueva e intentando hacer algo más felices a hombres y mujeres, al tiempo que esa felicidad nos impregnaba a nosotros.

            A través de ese apostolado, llegamos a la amistad y en ella permanecemos, aunque yo, por cascarrabias, de tarde en tarde, en alguna ocasión haya podido meter la patita.

            Juntos hemos bebido, reído y llorado en las más surrealistas ocasiones, y en momentos muy serios de nuestro discurrir por este valle de esperanzas.

            No es moco de pavo que un hombre hecho y derecho, con sesenta y seis tacos de vivencias de todo tipo, haya obtenido con alabanzas, cum laude, el doctorado en Ciencias de la Comunicación o Información, o sea, en Periodismo.

            Con mis achaques de una gota que va camino de estabilizarse, no me podía perder, al igual que otros amigos, tan brillante momento, uno de tantos si se conoce bien a Manolo, así que acudí al Campus Universitario para estar presente en el momento de la defensa de su tesis y de su posterior reconocimiento académico que ha venido a certificar su trayectoria de vida evangélica a favor de los más necesitados.

            Ani Lluch, su esposa y compañera, sus hijos y nietos, y sus amigos fuimos testigos de la alegría que supuso para Manuel el alcance de una meta más en su vida, porque el y yo y algunos más, sabemos que lo importante es conseguir el Ideal; aunque las metas nos ayuden a ello.

            Vaya mi abrazo fraternal en estas líneas para quien, según un miembro del Tribunal, fue definido como un comunicador nato. Si lo sabrá un servidor.

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