jueves, 24 de mayo de 2012

Wert



           Y ciertamente, a mí este señor, J. Ignacio Wert, me caía bien cuando lo veía y escuchaba en tertulias explicando temas sociológicos, especialmente en temas de sondeos (no hay que olvidar que fundó Demoscopia). Sus inicios políticos comenzaron en UCD, más tarde fue diputado por el PP y, cuando menos lo esperaba, pum, lo veo de Ministro de Educación y otras cosas. No engaño ni me engaño si digo que esperaba de él otro talante a la hora de colocar sus posaderas en el escaño azulón de la bancada ministerial.

            También es verdad que no le ha tocado vivir un momento dorado con la coña de la crisis, pero es que el tema estudiantil cuando se desborda no existe un dios capaz de detenerlo.

            En 1987, la algarada de estudiantes que llevó a más de un millón de los mismos a las calles madrileñas, hizo dimitir al entonces ministro socialista Maravall, siendo Secretario de Estado, el hoy líder en bancarrota, Alfredo P. Rubalcaba, y todo porque el gobierno de Felipe incrementó las tasas universitarias; eran los tiempos de Jon Manteca, más conocido por el “cojo Manteca” que, muleta en mano, acabó con toda la cristalería y farolas de Gran Vía y aledaños.

            Si el tal Wert se diese un garbeo por las hemerotecas se echaría a temblar de lo que le puede venir encima a poco de que la mecha prenda y se achicharre en la legalidad vigente, la que otorga la mayoría absoluta, pero que no le exime para que esté cometiendo injusticias de todo calibre, pues como tengo acuñado: “la legalidad es la sombra alargada y deforme de la justicia”.

            Vale que los parámetros de mérito, capacidad y publicidad, deben primar sobre otros, pero sin olvidar que, nunca hay que olvidarlo, que las clases más desfavorecidas son las que más necesitan del jodido “Papá Estado”.

            Wert se ha instalado en una especie de soberbia democrática, cercana a dejar de ser demócrata, que le puede llevar a ser el primer ministro que mueva Rajoy a la primera de cambio.

            Y todo ello no lo digo por el lío que se ha armado con el plantón de los Rectores y Rectoras de las Universidades, mandamases educativos que, por regla general, están muy distanciados de la sociedad normal.

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