viernes, 4 de mayo de 2012

Un día poético y ...




            Al día de hoy, poético por excelencia, podrían añadírsele algunos epítetos más: gastronómico, grato y sorpresivo, entre otros muchos.

            Vayamos con calma y cautela. Poético porque la Junta de Andalucía, en su Circuito Literario, me había invitado a intentar dar un recital poético a alumnos del IES “Jorge Guillén” del bonito pueblo de Torrox, Málaga, a un tiro de piedra de un cielo clamoroso y un mar algo revuelto por un pequeño soplo de poniente.

            Y he dicho “intentar”, porque ante mí se encontraban unos ciento cincuenta chavales y chavalas integrantes todos y todas de esa edad que suele definirse como “la del pavo”; y cómo, explíquenme  ustedes, se puede mantener la atención de dicho paverío, si entre mayores que peinan canas ya es difícil hacerlo, pues como decía el cascarrabias de Juan Ramón Jiménez “la poesía es para una inmensa minoría”.

            La experiencia como docente, la sonoridad de octosílabos consonantes y asonantes, coplas de amor y odio, coplillas de andar por casa y algún vago coqueteo con la profundidad poética intentaron ser mis muletas para llamar su atención. Cuando comencé con aquello de que “iba el pobre niño pobre…”, caí en la cuenta de que aquello andaba por mal camino y pegué un respingo para hacerme con la situación, pero nada de nada, pues la teoría de un tal Pestalozzi no daba resultado y toda mi esperanza se fue diluyendo. En fin, hice lo que pude, pero la verdad es que la chavalería pudo conmigo.

            Así que compungido y derrotado regresé a mi querida ciudad, Málaga, que todo lo acoge y todo lo silencia, pero en el camino tuve un arrebato de hambruna y me endosé lo que digo a continuación: chipirones en su tinta, boquerones a la plancha, vieiras, conchas finas, chirlas, un voraz a la espalda y ½ de Marqués de Cáceres. Y saben lo que digo, que sé que lo enumerado es gula, o sea, pecado capital, pero para mí queda el mal rato que pasé cuando pregunté a la chavalería cómo se llamaba el llamado Padre de la Patria Andaluza, y un sonoro silencio embargó el salón de actos.

            Ah, también tomé un rico crema de moka; con perdón.

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