domingo, 20 de mayo de 2012

Noche del Carmen




Los pinos plenos de envidia
cuando nos vieron de lejos
robarnos entre los sauces
el alma con nuestros besos.

Suave semilla de lumbre
agazapada en tu cuerpo
esperando un soplo anciano
para convertirse en fuego.

Puso la noche el rocío
y yo en tu nuca mi aliento
y una ráfaga de estrellas
desató tu pelo negro.

Lloró sangre la columna
donde descansan los tiempos
y una bandada de lámparas
encendió mi ser entero.

Mi pecho entre los tuyos
mis labios besando cielo
la luna roja de asombro
celosa del celo nuestro.

Noche del Carmen ardiente
desde el monte descendieron
limones por la ladera
buscando aromas de sueños.

(Del poemario “Donde el viento silba nácar” de J. García Pérez)



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