domingo, 20 de mayo de 2012

No se fían de nosotros




           Lo que se dice fiarse, ni de mí mismo. Volvamos de nuevo a empezar. De mí es del que menos me fío, pues me engaño a mí mismo, y si ello es así: ¿de quién me puedo fiar?

            Comencemos de nuevo. De la parienta Rosa, tantos años juntos y disjuntos, con tantas carantoñas y discusiones, es de la persona que más me fío, pues, a pesar de los anteriormente descrito, el mayor acto de fe que realizo a diario desde hace más de cincuenta años es, haya pasado lo que sea, apagar la luz, ponerme a su vera y dormir, cuando puedo, con la tranquilidad que da el saber que no va a haber un cachiporrazo de envergadura cuando esté en el séptimo de los sueños.

            Volvamos de nuevo a usar la moviola, o sea, rebobinemos. Nada de lo que se da gratis es, por regla general, fiable. Usted pasea tranquilamente y se acerca una persona a la que no conoce y le dice: “le voy a regalar un reloj”; seguro que lo mira, si es que llega a hacerlo, y le niega el regalo.

            Lo que deseo comentar es que a mí no me sorprende nada que los mandamases de la Unión Europea no se fíen un pelo de nosotros, pues si entre nosotros no conseguimos la fiabilidad, porqué los más extraños van a poseer semejante virtud.

            Rubalcaba no se fía de Rajoy, y viceversa. Lo de Guindos y Montoro ya de es puro cachondeo, pues han conseguido en menos de tres meses que nadie crea en ellos.

            Por este lugar llamado España, quiero creer que todavía existe esa denominación, los diecisiete feudos autonómicos han gastado lo nunca visto, al menos un servidor no lo ha guipado. Y poco a poco se va descubriendo que, entre pitos y flautas, aeropuertos y Aves, universidades y onegés, mapas de estudio del clítoris e investigación de la banana en Senegal, han dilapidado lo poco que nos quedaba, después de que la gran bancada haya estirado nuestro dinero, tal chicle que fuere, a mansalva por terrenos escabrosos de Grecia y Portugal.

            Y como no se fían, pues esta semana que entra van a venir estudiosos de Bruselas para comprobar si nuestras cuentas, en especial la de los feudos y los bancos, son reales o es un puro camelo.

            Estamos, y ello nos puede salvar, tutelados por franchutes y teutones.

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