miércoles, 9 de mayo de 2012

La España de barro




           No es que la nación española tenga los pies de barro o que sea, como decía el tristemente célebre Zapatero, “que era un concepto discutido y discutible”. No es eso, es que España, o al menos la visión que muchos tenemos de ella es que es un auténtico barrizal, por el que es difícil caminar sin resbalar y mancharse cuerpo y alma.

            Lo que nunca sabremos, o sí, cualquiera sabe, es que si la comparamos como una escultura, el barro, de pies a cabeza, es el único elemento empleado en su actual construcción.

            Su estructura se puede venir abajo en cualquier momento, y a veces creo que quizás sea lo mejor para que, desde sus ruinas y con la lección bien aprendida, seamos capaces de edificar algo más sólido, digno y habitable.

            El pueblo, sus pies, asiste silencioso a su derrumbe. Existen, sí es cierto, algunas voces discrepantes, pero al poco tiempo o se convierten en puro griterío o en un espeluznante silencio. No se habla, a lo más se farfulla sobre esta o aquella cuestión, sobre lo público y lo privado, sobre la corrupción y la política, sobre los cargos bien remunerados y las cargas que sostiene los desheredados; pero nadie se chamusca lo necesario en el empeño de acabar con lo que sumisamente soporta.

            Piernas, abdomen, tórax y cabeza, o sea, la España que viaja, come, respira y piensa es, en buena parte un pudridero de categoría; aquellos que criticaban a los malversadores de nuestros ahorros se convierten,  a la primera de cambio, en cómplices por omisión, y se aplaude o silba según ideologías prehistóricas; todos aquellos que no supieron gestionar la crisis, se han ido de rositas y, para más inri, con distinguidos emolumentos; los presidentes y consejeros feudales dimiten, cuando debían estar en chirona; hoy, ha sido denunciado el Presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General de Poder Judicial por malversar, presuntamente, dinero público en largos fines de semana de carácter privado; Bankia y, especialmente, los que depositaron sus ahorros en esos subterfugios, tiemblan; y para colmo, la derecha habla de nacionalizar el invento.

            Y en lo alto de la cabeza, la corona baila al tam tam de los safaris africanos y de las corruptelas de sus familiares.

            Pero todo da igual, llena la copa y/o voy misa.


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