martes, 8 de mayo de 2012

Hartazgo




           No puedo decir coronilla, porque toda mi cabeza es una lisa bola; pero, aunque pocos, sí puedo decir que estoy hasta los mismísimos de política y, lo que es peor, de intentar escribir sobre ella; tal vea sea debido a que he hurgado en sus entrañas en demasía y conozco bastante sus tripas.

            Pero tampoco puedo estar tecleando un día sí y otro no sobre un Dios al que, si es que existe, no conozco, y si conociera le diría de tú a tú: “venga, tío -en el supuesto que sea del género masculino-, haz algo para que este mundo cambie a mejor”

            Más lamentable aún es que no dé pie con bola para decir algo nuevo sobre el amor, concepto éste manido, sobado y desperdiciado una y otra vez por el sistema binario, pareja, que domina a la sociedad.

            Escribir sobre mí es una osadía, bien por la pesadez del tema o bien porque está uno más visto que el tebeo. Sí podría construir una pequeña autobiografía sobre los errores cometidos en esta ya larga existencia, pero al fin y al cabo son los mismos en los que usted, querido o querida lector o lectora, ha caído en tantas ocasiones.

            Cuando algún día en que el tedio abruma más de lo necesario, repaso a ojo de águila las cerca de diez mil columnas escritas por un servidor de ustedes, y la verdad es que no doy para más.

De manera, palabrita de honor, que entran ganas de recoger los bártulos de la comunicación y esconderlos, bajo llave y candado, en el baúl de los objetos olvidados y buscarse otra forma de existir, o sea, de pasar el tiempo.

Tampoco se trata, y menos aún con la edad que consta en mi DNI, de liarse la manta a la cabeza y ponerse al mundo por montera, pues puedo dar un traspié de mucho cuidado y quedar tullido de por vida; lo que me llevaría a estar postrado, hasta el día que llegue la Parca, a oír y ver todas las sandeces del patriarca llamado televisión.

Es por ello, que uno se queda menos espeso al decir que si de nuevo, esta vez a Bankia, damos nuestros euros para que unos pocos vivan de puta madre, estamos haciendo el gilipollas.

Así que, para quedarme tranquilo hasta mañana, sueño con una auténtica revolución que subvierta los valores establecidos, o sea, los aniquile.

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